Hall of Fame o El prematuro ocaso de Tanquierero Guatamín


O lo que le sucedió a aquel director, Tanquierero Guatamín.
En la sala de espera del productor, mascullaba lo que argumentaría, las duras condiciones del rodaje en África, los detalles del guión que se le había sugerido que modificara (“demasiado intelectualoide, la idea que tiene la gente de un filósofo no necesita un contenido real; que sea simplemente convincente es suficiente, afirmaciones vagas, el imperativo categórico de Kant, sólo sé que no sé nada, ese tipo de cosas...”) caminando ida y vuelta, cinco pasos y medio de ida, cinco pasos y medio de vuelta, al son de la tintineante versión instrumental de “en algún lugar sobre el arco iris”, versión sala de espera, almidonada, instrumental, perfumada, la secretaria tecleaba, seguramente chateaba con alguna amiga idiota, porque sonreía después de martillar las teclas frenéticamente, mordiéndose el labio inferior.
Tanquierero quería el corte final. No sé si sabemos que es común que la productora se arrogue el derecho a la edición final de la película, y que el director sea el primer sorprendido la noche del estreno; el único verdaderamente sorprendido del resultado que el editor de turno ha decidido.
Esta vez estaba pensando seriamente en no ceder de ninguna manera. No tenía nada fuerte con lo que negociar, nada con qué presionar para conseguirlo, pero casi había llegado a la conclusión de que si no le daban el corte final a él, no aceptaría realizar su película para ellos, estaba seguro esta vez de que prefería volver a iniciar la búsqueda de nuevos productores dispuestos a apoyarlo en su idea.
Otro asunto concernía al título, en esto no pensaba ser tan inflexible, pero ya le habían asegurado que la película no debía incluir, de ninguna manera, el término “filosofía” entre sus palabras.
Absolutamente contraproducente, inapropiado, anticomercial.
Llegados a este punto sus pensamientos notó que se estaba mordiendo las uñas, y al darse cuenta de esto dejó de hacerlo y miró la hora: 37 minutos ya.

- Escúchame, le puedes decir a Maller que no lo voy a esperar una hora.

La secretaria demoró tres segundos en dirigirle la mirada, mientras terminaba de leer una frase de su mensajero instantáneo, y lo miró con esa cara de... ¿qué me decías?

- Está reunido, me dijo que lo espere, enseguida lo atiende.

La miró, miró el mostrador alto que los separaba en busca de algo, cualquier cosa, había unos folletos de una agencia de actores, los tomó y se los lanzó a la cara a la secretaria, que intentó esquivar la nube de papeletas, pero algunas le pincharon la cara, mientras ella emitía un gritito de pequeño pánico repentino.
Como el mazo de volantes era abundante, pudo ir tirándoselos encima en varias tandas, mientras a cada lanzamiento enfatizaba partes de una frase:

- DIgaLÉ…. que NO voy a espeRArlo… UNA hora!!!

- Ahhh SOCORRO!!! Es un enfermo!!!

Quiso salir de detrás del mostrador mientras Tanquierero seguía repitiendo su frase, ella intentaba cubrirse la cabellera teñida de naranja con sus manos de largas uñas cuadradas pintadas de rosa, pero quisieron los dioses que tropezara con la alfombra turca, cayera de rodillas, y se golpeara la delicada cara contra la esquina de la mesita de revistas, una elegante mesita de acero pintada de blanco, que inmediatamente se manchó de rojo oscuro, así como la turca alfombra en la que yació la secretaria sin poder terminar nunca su conversación de Messenger con su amiga Madelein, que estaba embarazada pero que todavía no sabía a cuál de sus tres novios correspondía la paternidad.
El caso fue sonado, Guatamín fue preso, pero tuvo la mala suerte de que la Compañía Productora prefiriera mantener en la sombra el dato del acuerdo que estuvo tan próximo a firmarse.
Mala suerte, porque algo de publicidad nunca viene mal, y un escándalo podría haberle reportado alguna esperanza de éxito a Guatamín, aunque fuera desde la cárcel, unos dividendos, reducción de la condena, la clase de ventajas que tienen las celebridades.
En cambio cayó en la oscuridad y en el silencio del anonimato por un accidente poco afortunado, del que ni siquiera podía extraer un arrepentimiento digno de mención, o aunque fuera, la inspiración para un nuevo proyecto.


Este cuento pertenece a Cuentos exentos, al que también pertenece El pan y los dientes, recientemente publicado en el tercer número de la Revista literaria eSe

1 comentan:

Hernán Echegoyemberry dijo...

Inolvidables las asociaciones que genera, el nombre Tantequiero o Tanto te Quiero, me recuerda que tanto quería tanto el tipo la edición final, que no se ahorró en quejas, y su tirada de papeles en cuotas, luego a Guatamín o Wait A Minute, su apellido lo traicionó..y no pudo esperar.. Aunque lo más probable es que termine recordando sólo la referencia a "Over The Rainbow".. me gustó