Macedonio Fernández
A ticket to ride

Por matar el tiempo me subí a esta línea, el primer autobús qué pasaba.
Tenía un rato, entre no sé qué y qué, y pensé que una vuelta completa no me haría mal. Creo que esperaba a que ella terminara algo. Y me subí, por la puerta de atrás, y sin pagar billete, y primero me acodé sobre el caño cromado horizontal, algunos me miraron, pero se bajaban pronto. La idea era ir hasta fin de trayecto y volver a subir.
Allí me bajé y había patatas por el suelo, cuando volví a subir la conductora me reconoció y no me cobró, me ofreció firmarme el tiquet, pero yo no tenía, y le dije que lo había perdido.
Ella se acordaba de que yo iba en el autobús, entonces me sacó un tiquet gratis y así tuve para la vuelta entera. Y entonces comencé a pensar, y veía a los que iban a Ingeniería, prontos a terminar algo, y en algún momento me di cuenta de que todo terminaría.
Supe que el final se acercaba, que era cuestión de tiempo, y no supe muy bien que hacer, y me quedé en la línea 23, número rotundamente primo, indivisible, y ya desde esa primera vez me quedé dormido pasando Paseo de Sagasta, y desperté recién en Plaza Constitución, camino de vuelta, con lo que me perdí el final de línea, y su recomienzo, pero no me molestó nadie por eso, mientras crecía esta noción del pronto fin y se convertía en una certeza.
Me fui haciendo mi lugar, en un rincón en el fondo que quedaba bastante cómodo, y había gente que hasta me saludaba. Olvidé dónde me había subido, luego, no sabía donde bajarme, pero no era tan importante porque esperaba el final, que estaba por llegar, en minutos no más, y tampoco hubiera podido reencontrarme con ella, porque todo terminaría justo antes, como suele suceder. Y otra vez vi a los estudiantes de ingeniería apurados por ir a terminar algo, sólo yo parecía saber que todo terminaría antes, pero ellos no, estaban empeñados en ganarle la carrera al tiempo, y después en sacarle frutos a la carrera antes del fin. Tenían algo como mi padre, pero no sabría decir el qué.
A veces pensé en hacer trasbordo, bajarme del 23, por ejemplo en Plaza España, y subirme al 30 o al 40, pero para qué, además mi tique ya no me serviría para trasbordo, pues hacía demasiadas vueltas que lo había sacado.
Llegando a Paseo de Sagasta, como máximo en el Parque Pignatelli, caía dormido, y despertaba, como muy pronto, en la otra mano, volviendo ya por Sagasta otra vez rumbo al Corte Inglés.
Creo que me fui mimetizando con el entorno, me volví gris e inmóvil como las paredes del autobús, porque ya no me miraba nadie, y yo sabía que no había nada que hacer antes del fin, que estaba a punto de llegar. Soñé que mi padre se compraba un grueso libro con tapas duras, de papel beige texturado, vacío, en blanco, aún por llenar, pero que él ya tenía varias ideas de como llenarlo, que ya había llegado a un punto en que pretendía escribirlo completo, aunque fuera de a poco, y yo, no tenía para tanto, dinero ni tema, escribiría en blancos folios de impresora a los que les pondría números a pie de página, o fechas, para poder reordenarlos en caso de que se traspapelaran, pero lo peor de todo, es que tampoco hubiera sabido llenar el hermoso libro de tapas de cuero y hojas ahuesadas que se había comprado mi padre.
Al despertar dudé si había sido un sueño, estuve casi seguro de que él había de hecho adquirido un libro en blanco para ser llenado, incluso atribuí a ello la irreflexiva decisión de subirme al 23 aquél día, o hacía unas horas, para dar apenas una vuelta entera al recorrido, como una manera cualquiera de matar el tiempo hasta que me di cuenta de que todo acabaría pronto, demasiado pronto, y ya no habría más tiempo, ni siquiera mi padre, tan contento con su libro, podría llenarlo, por mucho que ya tuviera en mente con qué hacerlo, no lo conseguiría, porque ya no quedaba tiempo, y yo quería ver cómo todo terminaba ya, desde el 23, me resultaba menos doloroso que bajarme y buscarla a ella, porque no lograba recordar donde me había subido.
Y cada vez que llegábamos a fin de trayecto, y se bajaban apurados los estudiantes de Ingeniería, la conductora venía hasta el fondo, y hacía el gesto de volver a firmarme el tique, pero al ver su propia firma ya inscrita sonreía y me hacía su devolución.
A veces me bajaba en el final de la línea, y siempre había patatas por el suelo, por eso cuando tenía hambre lo hacía, me bajaba y recogía algunas patatas al horno que parecían recién caídas de un carrito de comidas, muy buenas, como de rotisería, y con eso, con un manojo de esas patatas, tenía como para que las tripas no chillaran mientras esperaba el fin, que se aproximaba ya inminente. Creía que cerca del fin uno recapitulaba rápidamente, pero comprobaba sorprendido que no era así, que dominaba mi ánimo una expectación continua que impedía mirar hacia atrás, un estado de semi-excitación precedente a una emoción anunciada que me tenía intrigado a la espera del próximo movimiento de las cosas, el final me tenía enganchado, mientras el 23 hacía sus recorridos como si no pasara nada.
Me fascinaba cómo todo seguía su ciclo como si el fin no fuera a llegar nunca, o estuviese lejano, con lo obvia que era su proximidad para mí.
Pero paralelamente creció en mí un lado melancólico. Fueron surgiendo dudas, cuando la expectación se distraía, sentía a la distancia las ausencias; terminar así, solo en el 23, parecía, visto desde fuera, un final demasiado triste para alguien como yo, siempre tan lleno de proyectos y tan de estar siempre con ella. Pero es que era tan cercano, tan inevitable, tan inminente, que hasta que diera con su paradero, el final se me vendría encima, y me tomaría distraído. Estas dudas, ese inicio de melancolía, fueron las que me impulsaron a sacar el cuaderno y hacer estas anotaciones, mientras los estudiantes de ingeniería charlaban acaloradamente de vectores y tensores, pensé que escribir un testimonio consciente del final sería algo de valor para una posteridad que tampoco imagino qué forma va a tener, que no podré imaginar o suponer hasta que algunas de las características de este final se me muestren, por lo menos el saber si es un final absoluto o parcial, que significara un reinicio o renovación de las cosas, con un resto o una memoria del pasado o sin ello, entonces sabría si fue oportuno hacer estas anotaciones conscientes, esta crónica de los últimos minutos de la normalidad cíclica, de la cotidianeidad en su transición hacia el fin; pensé que podía ser útil si este fin no es absoluto y quedara después la duda de cómo pasó todo, y pensé que para hacer una crónica fiel, era necesario que estuviera tan listo como fuera posible, con el bolígrafo en mano, pronto a hacer la crónica de los sucesos desencadenados.
Por suerte el final no ha ocurrido mientras dormía, otra vez entre Sagasta de ida y Sagasta de vuelta, y ya vamos otra vez por el Corte Inglés, donde ahora el autobús se ha llenado hasta los topes de personas que ignoran o pretenden ignorar la evidencia de lo inminente, y sólo piensan en llegar a casa lo antes posible, sin ponerse a pensar que es inevitable que no lo logren a tiempo, y creo que por su bien sería mucho más sano que tomaran consciencia de esto y fueran capaces de contemplar lúcidamente los últimos minutos de su existencia.
Rodrigo Fresán, desde Zaragoza

Pienso ir a ver a Fresán a la Fnac de Zaragoza este martes.
Festejan que se cumplen 10 años desde que la compañía se estableció en la ciudad, o sea, poco después de que yo me fuera de la misma, sin tener idea ni haber oído hablar jamás de Fresán o de la Fnac.
Se cumplen 11 años y 8 meses, aproximadamente, desde que me fuera a Rosario y me perdiera la apertura de la Fnac en Zaragoza. Ahora que volví, ya sé quién es Fresán, y conozco la Fnac, y voy a cumplir una pequeña profecía o deseo que anidaba aletargada en forma de chiste desde que empezara a coquetear con la idea de volver a España, cuando leía las crónicas de la crisis sub-rotuladas “desde Barcelona” que lleva a cabo Fresán en Página 12 desde hace vaya saber cuánto.
Lo invitan para que presente su nueva novela, El fondo del cielo, y tal vez hable de la reedición de Historia argentina.
Hace unas semanas, ni sabía que venía ni que se reeditaba ni que tenía novela nueva, encontré su Historia argentina en la biblioteca de mi viejo, en Zaragoza, y cuando empecé el tercer cuento caí en la cuenta de que eran cuentos, y no una novela.
Pero ahora trae una novela. Yo ya pensaba de antes que me gustaría conocerlo, lo cierto es que pensaba hacerlo como parte de la idea de conseguir vivir en Barcelona, que era el centro de la idea de volver a España. Había una conexión en todo eso, una conexión bokononista.
Lamentablemente no he podido concretar esa parte de la idea, o lo que era la idea en sí, vivir en Barcelona, por lo que ahora mismo, en la previa de conocer a Fresán, manejo ya otra idea, algo desilusionada, es cierto, de volver... a Rosario.
Me volvería habiéndolo conocido a Fresán, que escribe desde Barcelona, pero sin haber podido llegar a escribir desde Barcelona; lo más cerca de Barcelona que pude escribir fue desde Tarragona, pero terminado el verano hubo que replegarse al cobijo.
Manejo presunciones un tanto supersticiosas de que conocer a Fresán tiene algo que ver con dar un paso en una dirección en la que no he conseguido avanzar desde hace tiempo, parecería que tiene algo que ver con dar un paso hacia ser un escritor.
Sé perfectamente que más pasos se dan escribiendo, pero no puedo evitar pensar que Fresán tiene algo que tiene que ver con todo esto, conmigo, y que haya venido hasta Zaragoza, porque yo no puedo ir a Barcelona, porque me quedé sin un euro gracias a la mentada crisis, que me cagó toda idea del juntar una guita fácil y rápido en España, que tenía laburitos de cualquier cosa para todo el mundo, para viajar en vuelos low cost o para establecerme de toque en Barcelona donde todas las posibilidades de vida y producción cultural están desplegadas a priori; pero el catalán y el desempleo han hecho estragos, y hay que ser español, con certificados y títulos oficiales, con experiencia y vehículo propio, con ganas de trabajar con pasión y ganar lo mínimo, y oportunidades ninguna, por más páginas web de empleo en las que me inscriba.
En trance entonces de volverme a Rosario -veredas rotas y pibes que hurgan en la basura, pero los amigos, y el título que acá me lo forrean y allá es lo que pude hacer con esos 11 años que me pasé, aparte de que aprendí a escribir y a pensar y a saber quién es Fresán, que siempre escribe desde Barcelona, y terminé conociendo hasta a Lamborghini, que tuvo la mala o buena leche de morir en Barcelona,- yo empecé a pensar que Barcelona podía ser para mí también el lugar desde dónde se escribe, - tenía un póster de la Rambla dibujada en la cocina y creí que por la Ley de la Atracción iba a terminar viviendo con vistas a la Rambla y al Mediterráneo - pero va a tener que resultar que no, que si junto una guita la voy a quemar en un pasaje de vuelta a Rosario, donde los vuelos son high cost y viajar a Capital 4 horas en bondi sale lo que acá un vuelo a Londres.
Pero hay más con Fresán, porque siempre que lo nombran sale a la luz Vonnegut, y yo también lo tengo a Kurt, y lo conocí de casualidad, y además allá, eligiendo a boleo algo para leer entre una lista de cerca de 1000 e-books que tenía y que ya deben ser 2000 (libros que nunca hubiera tenido juntos a mi alcance si no fuera porque están digitalizados), empecé a leer Cuna de gato, con esa inocencia de no saber quién es el autor (no tenía conexión a internet para googlear, hace poco que adquirí el hábito) ni si quiera caer en la cuenta del género (¿comedia fantástica?) hasta bien avanzadas las absurdeces de Bokonnon, aunque parezca increíble, lo empecé creyendo que era algo serio, periodístico, y quedé embobado con la soltura y el delirio, y tanto que cuando escribí mi propia novela, no pude eludirlo, y de hecho pude encuadrarme en ese género que no conocía, de la ciencia ficción satírica o irónica o lo que sea que es lo que hice, que termina no encuadrando en ningún lado, y después agarré Matadero Cinco, y descubrí que el tiempo es un plato de tallarines y cada tallarín es una vida, y se lo recomendé todo a mi viejo, que terminó adquiriendo Galápagos, que es lo que estaba leyendo yo cuando me encontré hace un par de semanas con Historia argentina...
Pero la cuestión es que Fresán habita ese mismo mundo, y de eso siempre me di cuenta al leer sus notas desde Barcelona, y por eso aquella convicción de que yo tenía que conocerlo, y ahora que yo estoy en Zaragoza (¿dónde queda eso?) y el viene aquí, es como que venga a mí, porque yo a Barcelona, creo que no voy a conseguir irme a vivir.
Así que a ver que onda Fresán, me firmará el libro de mi viejo, que se lo voy a tener que hurtar porque va a estar firmado y si se lo muestro lo va a querer retener, y me llevaré la Historia argentina de mi viejo a la Argentina, firmada por Fresán en Zaragoza, capaz que le doy la mano y con suerte me anime a dejarle esta nota para que el tipo sepa que hay alguien más en su karass, aunque eso no tenga ningún significado y el propósito de esa conexión resulte eternamente inescrutable.
Y si puedo un día me compraré el Fondo del cielo, allá en Rosario, dónde el cielo es amplio y azul, en Homo Sapiens o en la Técnica, y me acordaré de cuando pensaba que iba a terminar escribiendo desde Barcelona, y espero que no se me humedezcan demasiado los ojos, como ahora, cuando me imagino allá, dentro de unos meses, veredas rotas y pibes pidiendo y hurgando en la basura, con el libro de Fresán entre las manos, escrito desde Barcelona.
Walter Benjamin, de “El narrador” (1936)

La escasez en que ha caído el arte de narrar se explica por el papel decisivo jugado por la difusión de la información.
De golpe queda claro que ya no la noticia que proviene de lejos, sino la información que sirve de soporte a lo más próximo, cuenta con la preferencia de la audiencia. Pero la noticia proveniente de lejos, -sea la espacial de países lejanos o la temporal de la tradición – disponía de una autoridad que le concedía vigencia, aún en aquellos casos en que no se la sometía a control. La información, empero, reivindica una pronta verificabilidad. Eso es lo primero que constituye su “inteligibilidad de suyo”. A menudo no es más exacta que las noticias de siglos anteriores. Pero, mientras que éstas recurrían de buen grado a los prodigios, es imprescindible que la información suene plausible. Por ello es irreconciliable con la narración.
Eugenio Tiselli - Algunas obras de e-literatura en castellano
Cito de su página:
"Eugenio Tisselli se centró en la definición de los ragos y parámetros que definen la e-literatura o literatura digital, es decir aquella concebida, desarrollada y producida mediante el uso de ordenador y que sólo en el espacio del ordenador o de Internet puede existir. Realizó una breve y clara exposición del camino recorrido ya por la e-literatura y explicó que ésta no es algo en verdad tan nuevo, puesto que ya creadores como Nam June Paik, en el ámbito de la plástica, o el propio , estaban planteando la téorica de la e-literatura en los años 60. Tisseli defendió además que la e-literatura no se incorpora la panorama creativo como algo excluyente, tampoco como un hijo que venga a asesinar al padre; se incorpora como una posibilidad más de investigación y creación, como algo que enriquece las posibilidades expresivas del presente y del futuro. Finalmente, mostró algunos ejemplos de e-literatura en castellano.
Estas obras pueden verse a través los enlaces incorporados al texto que Tisselli ha cedido para este blog: si miráis a la derecha, bajo la columna “Textos teóricos” lo encontraréis."
Tiene un artículo en el Laboratorio de Escritura sobre algunas formas de literatura electrónica que ha encontrado, es el artículo que dicen es Escribit que les cedió.
Les paso el link directo al artículo en el Laboratorio, al que querría asistir si viviera en Barcelona.
Escribit - Jornadas sobre Literatura y Nuevas Tecnologías
La ASOCIACIÓN ARAGONESA DE ESCRITORES organiza en Zaragoza, en la Biblioteca de Aragón, y con el patrocinio de los Departamentos de Ciencia, Tecnología y Universidad y de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, entre el 27 y el 30 de octubre de 2009 Escribit, Jornadas sobre Literatura y Nuevas Tecnologías, con la finalidad de:
. Abrir un foro de debate y prospección del futuro de las actividades creativas en general y de la literatura en particular en el mundo de la comunicación digital, tanto sobre los aspectos más puramente creativos y estéticos, como sobre los nuevos canales y soportes de difusión, o la nueva economía de los derechos de explotación on line.
. Sentar las bases de futuras líneas de investigación y creación entre los profesionales y creadores de la ciudad y de la Comunidad Autónoma, en colaboración con las iniciativas que se están generando en otros lugares del mundo digital.
. Incardinar el concepto de e-literatura, los trabajos literarios digitales, y las nuevas herramientas digitales, dentro del rico panorama de actividades e iniciativas culturales que conviven en Zaragoza y en general en todo el territorio aragonés: vida, arte y tecnología siempre han caminado en la misma dirección; hoy en día, más aún.
. Difundir el uso de las herramientas informáticas entre los creadores, escritores y público que asistan a los talleres programados a tal efecto.
en el banquillo
No tengo méritos ni nada para hacer pasar a nadie por eso, y la actitud en sí es ridícula, si pretendo ser coherente con ideas que se supone que tengo sobre nuestro pequeño y dulce mundo contemporáneo de hoy en día y la dinámica de funcionamiento de las industrias culturales, de las que es lógico que quede excluido, si quieren porque no me da la calidad, si quieren porque lo que hago no es económicamente viable, es apenas legible y bla bla bla me aburro hasta yo.
He estado buscando trabajo, de lo más común y pedestre, pero no tengo ni experiencia ni perfil ni la capacidad necesaria actualmente de mentir para competir en un mercado laboral saturado por la actual crisis.
Estoy OUT, totalmente, lo que sé hacer a nadie le interesa, y de lo que hay para hacer, poco puedo hacer.
Estoy en un país donde mi título universitario vale menos que un carnet de biblioteca de barrio, porque me gradué en el extranjero, con lo cuál me encuentro con que según este punto de vista he desperdiciado una década de mi vida en una formación impracticable. Está bien, yo me lo busqué viniéndome justamente a uno de los países en que mayor placer se encuentra en el deporte de desestimar titulaciones extranjeras, especialmente las obtenidas en países que se encuentran por “debajo” del mismo, geográficamente por supuesto, que son todos los que quedan hacia el sur, supongo que por cuestiones climáticas.
Ay pero que lindo el día de la Hispanidad, con los simpáticos indígenas entreteniendo a las masas caminantes de la madre patria con sus sones traídos de los altiplanos, con sus plumas de colores, sus pieles coloradas y sus narices aguileñas, qué bien hizo Mama Patria en ponerlos en la senda del Señor para que hoy puedan ganarse el pan dignamente haciendo bailes pintorescos en cueros, cabello al frío viento otoñal.
Esperando, intentando, tengo el privilegio de poder sentirme parte de un acontecimiento catastrófico global como es el desempleo producido por las jugarretas financieras de los más trajeados. No estoy solo, soy uno más de los afectados, de los dejados de lado, tal vez por el momento, tal vez definitivamente, que tiene que devanarse los sesos buscando la manera de sentirse productivo para este mundo pensado principalmente para producir casas, coches, armas, móviles, drogas y publicidad, mucha publicidad.
Pero casas por ahora no, justo algo dónde podía yo tal vez encontrar algo, casas ahora no, que hemos hecho de más, y no sabemos muy bien dónde metérnoslas...
Bien, esperaré a que se vendan todas y haya que hacer más.
Esperaré aquí, o allí, quién sabe lo que va a pasar.
16/10/2009-18:27
Los empleados realizaron esta mañana una asamblea en las puertas de la planta y parecía que iba a ser una conferencia de prensa sin sobresaltos.
Así, de manera abrupta, la joven de 23 años vio finalizar su carrera de más de 7 años para la casa norteamericana a la que, según confesó, consideraba "una segunda familia". Hasta que un periodista la indagó sobre un megaoperativo, decenas de policías y bomberos, horas de búsqueda y desesperación...
Una de las estudiantes había protagonizado un hecho similar en la calle: había amenazado a otros jóvenes con una sevillana. Del padre, según medios locales, se dijo que es un "cazador de tormentas". A su llegada al aeropuerto de el Prat, el rosarino habló con los medios españoles y no eludió las preguntas sobre su flojo rendimiento.
"Fue encontrado metido en una caja en el altillo del garaje de la casa familiar",
dijo el sheriff del condado de Latimer, Jim Alderden. Pero ninguna de la chicas pudo explicarle con precisión porqué habían terminado a las trompadas.
La magistrada dispuso que un gabinete de psicólogos y psicopedagogos hagan un seguimiento del comportamiento de las adolescentes las autoridades no perdieron las esperanzas y especularon con la posibilidad de que el nene, -"Me despidieron porque decían que tenía sobrepeso y ya no cabía más en sus prendas"- tras no hallarlo en el interior del globo, cuando este se precipitó a tierra, los investigadores temieron
lo peor y comenzaron a barajar la posibilidad de que Falcon se hubiese caído.
Pero La marca, como no podía ser de otra manera, salió a intentar detener el segundo escándalo que le estallaba en las manos en una semana e intentó desvincular el tema de la bochornosa campaña del despido de la modelo:
"No escuché a Maradona. Cada uno se desahoga a su manera"
15/10/2009-13:45
Me pregunto qué van a decir ahora los periodistas malintencionados
El paquete que se instalará a lo largo del día incluye 13 actualizaciones destinadas a atacar un total de 34 vulnerabilidades, lo que significa que, los equipos que no cuenten con esos parches quedarán en un estado de mayor vulnerabilidad.
Es la disolución de la ciudad, la multiplicación de guetos.
El falso representante, de 53 años, -al que le falta una pierna y se mueve con muletas-no es nuevo en el mundo del delito
La socialización de todo el suelo urbano e incluso la estatización de la industria de la construcción, cuestionan si modificar los parámetros de los libros en definitiva no está degradando el acto de leer.
su última parada en el país del Norte fue Los Angeles. De la mexicana ciudad Los Barriles se fue a Cuba desde donde tuvo que partir a Cartagena de las Indias en una travesía por el Mar Caribe en un velero cuyo dueño nunca había salido del puerto. Allí las sometía sexualmente, una sociedad tribalizada que acabará con expresiones de violencia. quiso cruzar la frontera del país y le secuestraron la moto.
La importancia que revisten estas revisiones de seguridad es muy alta, ya que 8 de las 13 nuevas versiones publicados hoy fueron calificadas por la compañía como "críticas"
saltan las lauchas de saladero para manifestar sus opiniones
quienes tenían razón de tener miedo eran los inmigrantes, porque son los sospechosos.
usaba la misma estrategia con todas sus víctimas.
gnomos de jardín que levantan el brazo derecho haciendo el típico saludo de los nazis
conseguía convencerlas de llevarlas a su departamento, donde funcionaba su "oficina".
su objetivo era llegar hasta Alaska, algo que consiguió el 24 de junio de ese año. Antes de cruzar a México, El miedo a la ciudad, el miedo a los otros, que muchas veces tiene una base poco objetiva, Ellas llegaban a la cita con el supuesto representante con la ilusión de abrirse camino en el mundo del modelaje.
Esto incluye la incultura ciudadana de los líderes políticos
Uno, nosotros y la gente
El nosotros podría definirse también como la “gente como uno”.
Este “como” de la gente como uno, que promete tanta igualdad, que hace equivaler una porción de la gente con “uno” – y aparentemente lo hace respecto a todas las cualidades de ambos términos, aunque esta igualdad sea evidentemente imposible en términos reales- este “como”, decíamos, es una obvia mentira: no hay “gente como uno” hasta que no seamos producidos en masas clónicas.
Esa expresión refiere apenas a toda la red de casualidades que ha podido hacer que yo conozca más a un cierto sector de la denominada “gente”, que al resto.
Este sector está usualmente conformado por la gente que entra en las categorías de familia y amigos. Si bien muchas veces alcanzamos la decepcionante conclusión de que incluso elementos de nuestra propia familia resultan ser, finalmente, sólo gente, y no gente como uno, aún así, si nos pusieran contra la espada y la pared, nos veríamos impulsados a elegir entre esta gente consanguínea que a esa otra gente, La Gente.
Gente como uno en realidad no hay; uno es uno, pero esta verdad no es soportable todos los días.
Lo más común, según he podido observar, es que el “nosotros” se vaya reduciendo a lo largo de la vida, hasta hacer referencia nada más que al mínimo “nosotros” posible: la pareja. La familia resulta ser gente, los amigos resultan ser gente, y al final quedamos sólo nosotros dos, con suerte.
Para todo el mundo hay un “uno”, un “nosotros” y una “gente”, si bien los individuos que habitan esas categorías pueden ir mudándose, transitándolas temporalmente.
Para algunos, el nosotros, refiere a la familia y a los amigos, para otros refiere a los compañeros de trabajo o a los colegas de profesión, para otros el nosotros designa a los conciudadanos de su misma urbe, para muchos se refiere a los nativos de un mismo país y para demasiado pocos, el nosotros implica al género humano.
Aunque tampoco es fija la designación del “nosotros” para cada “uno”. Tal vez dependiendo de con quién se hable, o de qué tema se esté tratando, el nosotros pasa a designar conjuntos diferentes.
La ambigüedad y movilidad de estas designaciones - tal vez esto realmente sucede con cualquier designación- es la base de gran número de conflictos, engaños, malentendidos y explotaciones.
Cuando hay una epidemia, nosotros es nuestra familia, cuando hay una guerra, nosotros es nuestro país, cuando hay una huelga, nosotros somos los trabajadores, cuando se habla del cambio climático nosotros somos los humanos, y así podríamos continuar indefinidamente moviendo la línea que separa a nosotros del resto de la gente.
Sería interesante puntualizar aquí la existencia de situaciones en las que “la gente” equivale al “nosotros”, situación que en el idioma portugués, al menos el portugués de Brasil, es habitual, donde se utilizan como sinónimos: “a gente vai levando” viene a traducirse como “vamos tirando” (nosotros).
Pero incluso en la lengua española, sucede que ante determinados conflictos, “la gente” pasa a designar a “la gente como uno”, frente a “los otros”, generalmente innombrados o innombrables, que caen fuera incluso de la categoría de gente.
Por poner un ejemplo de este caso, en Argentina, es muy habitual que ante un piquete de protesta -un grupo de personas con algún tipo de demanda política o social que interviene el espacio urbano generalmente limitando el flujo funcional de movimientos vehiculares, haciendo un corte de ruta o corte de calle - decíamos que es habitual que algunas personas que no se sienten implicadas o identificadas con el motivo de la protesta se quejen de los efectos de la misma alegando que “no dejan pasar a la gente”, lo que viene a dejar a los protestantes fuera de la categoría de gente, para ubicarlos en una categoría ausente, que de momento sólo puede ser designada como de “no-gente”.
Las personas no suelen apercibirse de todas las consecuencias lógicas que conllevan las expresiones que emiten, y esta es una consecuencia no sólo lógica sino política y social que expresa las escisiones múltiples y móviles que atraviesan el cuerpo social.
Pero más particulares aún son las articulaciones de los términos “uno”, “nosotros” y “la gente” que se dan al centrarnos en el fenómeno de la emigración.
Mi experiencia particular al respecto ha sido la de una progresiva desintegración del “nosotros”.
Podría parecer a primera vista que el inmigrante tiene un “nosotros” claramente definido en su familia o en sus compatriotas, pero esto puede ocurrir sólo si ha habido una consolidación de esa identidad antes de producirse el movimiento migratorio. En caso contrario, frente a una emigración a edad temprana, cuando el proceso de identidad con el entorno está en medio de su desarrollo, el “nosotros” desarraigado se torna más bien una insistencia, un intento, en el mejor de los casos en un trabajo de construcción.
Al perder el que iba a ser su nosotros, un nosotros del que aún no se sabía que estuviera allí, pues era latente, implícito, mudo, de fondo, al perder una lengua que era una atmósfera, olores que eran un paisaje cotidiano y toda la infinidad de pequeñas referencias “familiares” que ataban cada día al entorno con la insistente repetición cotidiana, lo que ahora queda de familia, transplantada a otro entorno, parece perder sustancia, ligadura, consistencia.
Al desaparecer el entorno familiar en sentido amplio, el medioambiente conocido, es sólo cuestión de tiempo que la densidad de todo sentimiento de familia se disuelva y ese significado tienda a enrarecerse.
Un caso particular de esto sucede cuando la persona es hijo de inmigrantes.
Se crece con un sentimiento disociado de lo que es “el nosotros”, de lo que es “la familia” y de lo que es “uno”. El hijo de inmigrantes sufre un largo proceso de bipolaridad en este sentido, que usualmente se resuelve a favor de una identificación con el entorno social, si la cultura predominante en este entorno es lo suficientemente compatible con la cultura de origen de los progenitores.
Pero si este hijo de inmigrantes, a mitad de este proceso de consolidación de un “nosotros” identificado con el entorno social, repentinamente es emigrado a un nuevo contexto, por ejemplo a los 10 años la familia emigre a un tercer país, este proceso de identificación se ve interrumpido.
La consolidación del “nosotros”, que se estaba formando por ligadura al contexto social, es interrumpida, busca un nuevo rumbo, y ante un ambiente externo absolutamente extraño, se repliega hacia la identidad con los progenitores, donde encuentra más rasgos de afinidad que con el entorno, a pesar de que en un momento anterior todos esos rasgos eran tomados como distintos de los de su identidad en construcción.
Este nuevo nosotros se des-identifica del entorno para volcar toda su ansia de anclaje en las afinidades con la familia, donde ha quedado lo poco de familiar de la nueva situación. Pero esa identidad que ahora se busca, empieza casi desde cero, reformulando lo que antes eran diferencias para ponerlas ahora en el lugar de las similitudes, y borrando, o más bien tachando, los rasgos que ataban cotidianamente al entorno anterior, pero que ahora no encuentran anclaje en el nuevo medio.
Ocurre un repliegue identitario desesperado, en el que con un material propio insuficiente, con caracteres adquiridos en su contexto de nacimiento, la persona intenta aferrarse a la cultura de origen de sus padres.
Prólogo de un libro que ya no lo tiene
Y hay varias modulaciones de este tráfico de pasado que deberían penalizarse: está el de volúmenes, bloques de materia registrada (o de bits) transfundidos en el torrente de lo actual – orden más obvio y verificable de contrabandeo- además de los recuerdos o la historia personal, maquillada, [ex]torsionada, incluso transfigurada… típico material de construcción de ficciones – cuya calidad determina la severidad de la condena.
Un pasado sincero, o la sincera voluntad de recrearlo, peca de muchas cosas, pero por lo menos no de piratería. Peca de ingenuidad, por ejemplo, o de vanidad (¿cuántas autobiografías tienen el derecho ganado de existencia?).
Pero transfundir al presente bloques dudosamente meritorios de pasado, así sean ficciones pasadas, o micciones, sin tomarse la molestia de reformularlas según los criterios presentes de calidad, o pretensiones, solicita una permisividad lindera con lo inadmisible.
O quién sabe si no es más sincero –honesto, luego bueno- , (al traer intempestivamente al presente un bloque de secreción sintáctica del pasado), quién sabe si no es más sincero presentarlo en todo su evidente anacronismo antes que desgranarlo y recomponerlo, recauchutarlo (algo mucho más sospechoso a primera vista).
Contrabando versus sinceridad lindera con el sincericidio –sinceridad suicida, para los poco familiarizados con el término.
Esta propuesta se relaciona con toda una familia de incomodidades toscamente reductibles a otra diáfana (por lo simple) y engañosa (por lo compleja) dicotomía: imaginación/escritura.
Nadie arriesgaría aseverar que se contradicen, pero ubicados como polos de una tensión, generan un espacio curvo.
Existe tanto una imaginación sin escritura como una escritura sin imaginación. Ambos extremos no alcanzaremos aquí.
Pero esto no quiere decir que pretendamos el reverenciado equilibrio: pretendemos, por el contrario, rondar el segundo polo, el de la escritura sin imaginación, lo más cerca posible sin llegar a poner el pie en él -por que tampoco nos da para tanto.
Así se vuelve verificable la longevidad del registro, salvo honrosas excepciones, calculando la distancia del texto respecto a ese polo.
La declaración precedente nos introduce también, si bien por otra puerta, en el ámbito del sincericidio, u honestidad boba.
La dicotomía imaginación/escritura es engañosa en primer lugar porque sus polos pertenecen a dimensiones distintas: la escritura tiene una existencia material objetiva en forma de palabras (ya sea escritas o emitidas), en cambio la imaginación pura es lo inmaterial en sí, pues se trataría de imágenes mentales. Una suave transición entre ambas dimensiones resulta impensable.
La escritura pura implicaría la, tal vez imposible, tarea de pronunciar palabras sin remitir a ninguna imagen mental.
Se ha intentado que un cortocircuito de significados anule esta remisión, con resultados más que dudosos.
teorías impracticables
Proporcionarle una dimensión fantástica que conviva con la sordidez y limitación en que navega la mayoría de la población.
Siento a las fantasías heredadas de mi cultura como artificiales e ineficientes.
Todo lo que tenía la misión de dar sentido y consistencia a la experiencia cotidiana no está dando resultado conmigo.
Y a pesar de todo lo llevo con bastante entereza.
Me gusta ver películas.
Pero estoy un poco obsesionado con la distorsión de la perspectiva que producen. El punto de vista de la cámara muestra las cosas desde un ángulo que es imposible tener, el ángulo de la ausencia.
Es fascinante, pero siempre falso. Pero el arte es la mentira y ble ble ble..., basura!
El problema es que pensemos en la “realidad” desde esa perspectiva.
Que nuestros recuerdos adquieran esa falsa objetividad.
El hecho de que la persona que sostiene la cámara sea eliminada de la ecuación para el efecto, la simulación de su ausencia.
El cine es la concreción de la fantasía de invisibilidad, estar ahí sin ser visto por los protagonistas.
El cine de los daneses del Dogma tiene que ver con esto, con no olvidarse del cameraman. Pero es una rareza.
El problema es el acostumbramiento a la perspectiva fantástica, y la sustitución que esa supuesta objetividad hace de la realidad que se puede percibir subjetivamente. Trabalenguas.
La separación que imagino que tenemos del modo de experiencia que podía tenerse cuando la fantasía no era un sustituto de la realidad, sino su complemento.
La realidad en sí es algo que siempre fue fantasmatizado, la interpretación de las cosas es lo que tenemos por la Realidad.
Me refiero a que sin el aparato televisivo/cinematográfico, la fantasía de la realidad era otra, y la fantasía de la fantasía también.
Me gustaría poder eliminar de todo lo que pienso que es mi experiencia, lo que en realidad ha provenido de esa imagen plana en movimiento que producen nuestros artefactos audiovisuales. Tantas cosas uno “sabe que existen” porque las vio en la televisión.
Eso, para mí, ya no tiene nada de fascinante. No quiero volver atrás en la historia, quiero eliminar la distorsión que la imagen ha producido en mi percepción del mundo. Puede tranquilamente ser imposible.
Siento que en esto me voy quedando solo en el mundo.
A nadie le importa esto que a mí me obsesiona, y por más que yo me aislara de la realidad audiovisual, salir del modo de fantasía compartida me convertiría en un inadaptado.
La inexistencia y falsedad del punto de vista objetivo es una noción tan potente, y sin embargo, parece impracticable, o irrepresentable, o improducible, no sé.
Porque a pesar de que es un hecho, las personas construyen su realidad mediante estos dispositivos de imagen que concretan la fantasía de la existencia del punto de vista objetivo.
En esas condiciones, es muy difícil hacer efectiva la exclusividad de la perspectiva subjetiva.
Entonces, en mi opinión, el objetivo de una obra de arte contemporánea, sería desbaratar el punto de vista objetivo. (valga la redun...)
No me importa si esto se ha intentado ya, lo que debe suceder es un cambio absoluto en la perspectiva de lo audiovisual, una total erradicación de la falsa objetividad, y no una minoritaria y aislada existencia de obras en las cuales la perspectiva objetiva no exista.
Esa es una cara de mi moneda.
La otra es el argumento: la absurda lógica del relato.
(otra vez)
O podría decir incluso, la absurda lógica, sin más.
La vida no es como un relato. Creo que eso lo sabe cualquiera. Pero sin embargo, vivimos como si vivieramos un relato. Tal vez el problema esté centrado en el sentido.
La vida carece de sentido, podemos construir uno o podemos tomar uno ya hecho, o tal vez pudiéramos carecer de sentido, no estoy muy seguro de esto.
Tampoco se trata de que la obra tenga que dar cuenta de esta condición de la vida, ¿o sí?
Mucho tiempo la obra bajo la intención de imitar la vida, la mímesis, ha terminado haciendo otra cosa, que es sustituir la no-lógica de la vida por la lógica del relato en nuestras mentes.
Toda historia, como su nombre indica, es una construcción retrospectiva, mientras que la vida es en cambio una construcción prospectiva.
Es notable nuestra incapacidad para recrear esta condición absolutamente imprevisible de la experiencia real, y también es abrumadora nuestra necesidad de hacer encajar los hechos de nuestros pasado en una lógica retrospectiva en la que cada parte adquiera un sentido respecto a un todo, y esto lo hacemos con nuestras historias personales, tanto como con la Historia en general.
Abordar la obra de forma prospectiva me parece otro punto fundamental, pero me resulta difícil determinar qué implica esto.
Parece ser moneda corriente en la creación, que después de un largo desarrollo de materiales inseguros, sin un rumbo claro, sin un sentido demasiado rotundo, aparezca en un determinado punto un sentido capaz de totalizar el trabajo, capaz de ordenar esos fragmentos, imponiendo algunas mutilaciones siempre de lo que no compone una coherencia aceptable, y que reordena retrospectivamente el material y le da esa unidad a la que después llamamos, muy contentos, obra, una obra.
Bueno, tal vez debamos empezar a prescindir de ese sentido re-estructurante, que tal vez sea el que termina convirtiendo todo en uno más de lo mismo.
Uno de los pocos directores de cine que a menudo no se deja vencer por esta tentación del sentido es David Lynch, quien ha conseguido éxito a pesar de este elemento que debe resultarle muy inconveniente a los productores de Hollywood.
En sus películas conforme se avanza se pone más difícil poder asegurar qué es lo que está pasando, y eso lejos de ser un defecto, es su principal y admirable virtud.
En Mulholland Drive incluso hace funcionar de manera evidente un sentido que llega para reorganizar todo el contenido previo, y uno cree que le va a terminar de dar sentido, cuando precisamente llega para causar mucha mas confusión en la interpretación de todo lo que acabamos de ver.
Se puede argumentar que la vida es demasiado inconsistente para que encima las tramas de los relatos también deban serlo.
Pero tal vez la felicidad consista en dejar de perseguirla.
La conexión estre estas dos últimas frases salta sobre un abismo, lo siento.
Publicado
Están disponibles tanto en formato material/físico/real como en formato digital para la compra electrónica en Bubok.com. Estas versiones están corregidas una vez más, y debe ser muy gratificante poder leerlas en papel, en el formato que corresponde.
Es un poco ridículo que al mismo tiempo los deje disponibles para bajar gratuitamente, pero creo que es preferible así, para que cualquiera pueda leerlo, y al que realmente le guste, o quiera gratificarme por lo que hago, pueda hacerlo también.
Les dejo los links, muchas gracias, y pronto volveré con más novedades.
"Un hámster al sol y otros cuentos"
"Memoria gris plegable y su envoltorio"
Un arquitecto que escribe
AF- Primeramente, es lógico que te preguntemos si la novela tiene una relación con la arquitectura, y en caso afirmativo, en qué consiste esta relación…
PDL- Sí, la relación más directa que tiene proviene del hecho de que el autor es un arquitecto. Esto tal vez tenga consecuencias poco obvias en la forma de encarar la obra, su producción, y en la forma de encarar la lengua, como material constructivo. En muchos momentos de la novela, el personaje de Cucho reflexiona sobre la naturaleza de la Idea artística: creo que el concepto de esta idea que manejo proviene de la arquitectura, de lo que los arquitectos entienden (difusamente) por “idea de proyecto”. Es poco probable que esa idea sea igual para un escritor criado en las Letras. Tal vez por eso el personaje parece no encontrar esa idea, porque no es arquitecto, pero busca una idea artística cuya consistencia es arquitectónica (pobrecito).
Creo que además el proceso productivo de la obra se parece más al de los proyectos arquitectónicos, sobre todo cuando se trata de poner en un proyecto de gran complejidad ideas menores que fueron surgiendo en distintos proyectos pequeños, y la voluntad de amalgamar esos fragmentos encontrando (o produciendo) lo que los une. El hecho de que la idea llegue al final del proyecto, y no al principio. La idea primera, la de antes, es una ilusión que nos impulsa: buscándola, terminamos dibujando o escribiendo un proyecto en el que recién al final nos encontramos con la verdadera idea.
AF- Ya en el prólogo advertís que la obra va a oscilar entre dos polos: la imaginación total y la escritura total (o puras) pero sin llegar a tocar ninguno de los dos (lo que anularía la narración); parecería que la novela recorre desde un estilo más abstracto hasta uno más figurativo en su desarrollo, y en su extremo más figurativo es donde encontramos las descripciones espaciales más detalladas, ¿no hay ahí también gran presencia de la arquitectura, en las descripciones?
PDL- Creo todo lo contrario, que la literatura más figurativa, más “tradicional”, y comúnmente más descriptiva, pertenece a los escritores más anclados en la Literatura. Ellos también son arquitectos, pero de otra forma, generan imágenes de espacios en nuestra cabeza, arquitectura mental. Eso es una ilusión de arquitectura, porque cada lector genera una imagen en su cabeza que tiene que ver con lo que conoce, que probablemente sea muy distinta que la imagen que está en la visión o mente del escritor.
Para eso, muchos de ellos no necesitan saber nada de arquitectura, lo descriptivo es más bien pictórico y visual. Creo que lo arquitectónico de mi escritura no pasa por ahí, sino por dónde ya expliqué antes. Respecto a los polos imaginación/escritura, puedo decir que en el libro se encuentran distribuídos engañosamente, el libro, cronológicamente está al revés. Salvo algunas excepciones, el principio es lo último que escribí, el libro está dispuesto en orden inverso. En arquitectura esto también sucede, lo primero que se ve, lo inmediato, los detalles superficiales, son el final del trabajo de proyecto. Solo una comprensión más profunda accede a los inicios cronológicos del mismo.
Donde juego con las palabras como quien juega con las trabas del ladrillo y las formas de las ventanas, como Berlage en sus viviendas de Holanda, es al final del proceso, que está al entrar a la obra.
Respecto a esos juegos de palabras y su relación con un juego en las terminaciones arquitectónicas, creo que lo que me propuse como estrategia, y creo que todavía es mi programa, es trasladar preocupaciones que descubrí en la obra arquitectónica de Eisenman (o en su planteo teórico, ya no estoy tan seguro ni me importa), pero aplicarlas a lo narrativo, por una incomodidad que me comenzó a generar la escritura puramente narrativa, un aburrimiento de la descripción y de los personajes típicos unido a un disfrute de lo teórico, de lo filosófico. Sabemos que Eisenman pretendió trasladar la teoría deconstructiva de Derrida del ámbito filosófico al arquitectónico. La operación produjo resultados dudosos en términos de si era su “traducción” exacta. A mí esa exactitud dejó de importarme, me importa más el hecho de que la arquitectura de Eisenman realmente supone una ruptura con el sistema representativo arquitectónico, con su lenguaje tal y como venía siendo codificado. Sé que la deconstrucción se aplicó directamente de Derrida a lo literario, pero no me interesa, porque son ámbitos muy especializados de filosofía y literatura, y me harían falta dos vidas para jugar en ese terreno. Lo que quise hacer en cambio es una segunda traducción brutal, de lo que para mí es Eisenman, a lo que para mí es la representación y el lenguaje literario, y en medio de esa operación me encontré con que coincidía con el programa de escritura cuyo máximo extremo representa Osvaldo Lamborghini, sólo que él opera en la tradición de la literatura, sobre todo la tradición argentina, campo en el que tampoco soy especialista. De todos modos, recobrar su escritura a través de la biografía que se editó ahora escrita por Strafacce me porporcionó la herramienta definitiva para desarrollar mi propio programa. Le estoy inmensamente agradecido por haber construído esa gigantesca biografía.
Así continuando una cadena de malentendidos Derrida-Eisenman-Literatura seguramente llego a un lugar propio que no es al que se llega recorriendo Derrida-Literatura directamente, encerrado en los campos filosófico-literario. Probablemente mi resultado es mucho más accesible que ese otro. Lo cuál puede no ser meritorio, no me importa.
AF- Es evidente que te gusta conceptualizar, hay autores que no quieren que las interpretaciones obstruyan el acceso a la obra, eso pasa también en el arte contemporáneo, en el arte llamado conceptual, donde parece que una obra deba ser acompañada por una fundamentación teórica para ser comprendida y en el libro también hacés mención al arte contemporáneo, ¿qué opinión te merece el arte conceptual?
PDL- Mirá, cuando vas a otro país hay dos viajes distintos: si conocés el idioma o si no lo conocés. Nadie te dice que no vayas a disfrutar si no conocés el idioma, pero conociéndolo el disfrute es otro, ni mejor ni peor, seguramente se parece más al disfrute del conocimiento, o del entendimiento. A mí me gusta ese disfrute, el del entendimiento, pero comprendo que haya gente que prefiera lo puramente “excitativo”, o inmediato, o lo que se ve sin entender. Hay gente que cree que esto último es el disfrute artístico, y que el disfrute del entendimiento no tiene nada que ver con el arte. Yo creo que el arte permite todos estos niveles de disfrute, desde el más inmediato, al más intelectual.
Creo que lo conceptual puede ser una extensión de la obra, creo que esto que ahora digo puede formar parte de la obra, me gusta eso de que la obra no tenga un límite claro, me parece de lo más interesante. Hay gente que se siente más tranquila si el arte está enmarcado, colgado de una pared y no te invade la vida. Eso para mí es sólo decoración.
AF - ¿y el título, Memoria gris plegable y su envoltorio, a qué se debe?
PDL- Es una alquimia de muchos elementos, sobre eso, voy a dejar que cada lector haga su hipótesis.
Arquitectura Fronteriza
Taller semántico intensivo I
Ya va siendo hora de que las naciones que no tienen incorporado el término choto a su acervo, al menos en esta riquísima acepción, vayan tomando nota de su significado.
Choto puede querer designar (además de lo aludido que será desarrollado), algo de poca calidad, o cuyo uso se vea dificultado por deficiencias funcionales.
Un destornillador choto es el clásico de puntas romas que no prende con fortuna de los tornillos. Un día choto es un día que no cumple con nuestras expectativas, si estamos de vacaciones en la playa es un día nublado, si queríamos salir a navegar en nuestro velero es un día sin viento, si estamos hartos del verano es un día soleado y caluroso, etc. Una película chota puede ser tanto aburrida como opuesta a nuestros parámetros estéticos o morales. Un automóvil choto es un auto abollado, o de diseño desafortunado, poco atractivo, o que tiene asientos incómodos, o poco lugar para el equipaje; la palabra siempre está en función de nuestros requerimientos.
Es decir, en la mayor parte de los casos implica muchos sobreentendidos respecto a la situación en la que el término funciona.
El choto, ya como sustantivo, es una más de las variadas y siempre proliferantes designaciones para el miembro masculino; lo cuál resulta llamativo confrontado con las otras acepciones.
En general esta acepción se usa con motivo de una construcción de intención agresiva: “Te clavo el choto y te decosntruyo”, y como en el caso de otros términos aplicados al mismo referente puede manifestar cambio de género: “le hundió la chota hasta la amígdala”.
Por lo tanto es importante siempre detectar si el choto está siendo utilizado como sustantivo o por el contrario adjetivando.
Un choto choto, evidentemente designa un miembro sexual masculino poco funcional o atractivo, tal vez pequeño, tal vez demasiado grande para los fines a los que se lo quiere destinar, tal vez inoportunamente inapetente, esquivo, o inmanejablemente curvo o retorcido.
Es múy común encontrar las expresiónes viejo choto o vieja chota. Hoy nos ocuparemos de la primera.
Designa tal cantidad de caracterísiticas que con sólo esa definición, en el ámbito lingüístico apropiado, tenemos la construcción completa de un perfil.
El viejo choto es rencoroso, retorcido, retrógrado, enemigo de la alegría y de la juventud, enemigo de la expansión y la multiplicidad.
Podría decirse que para un viejo choto el mundo es una Gran Chotada.
Chotada viene a ser la sustantivación de la acepción adjetiva especificada primeramente: dícese de lo que es cualitativamente choto. Se usa para prescindir del sustantivo al que ya habremos designado antes, o que el contexto sitúa en posición de sujeto de la proposición: “eso es una chotada” significa que algo posee todas las cualidades de lo choto.
El viejo choto dedica una parte de sus energías a confirmar sus impresiones sobre el mundo ejerciendo su nefasta influencia dónde pueda. Tira la piedra y esconde la mano, hace denuncias anónimas, genera rumores dañinos pretendiendo que le han llegado de primera mano, vota al fascismo y de paso destruye o se lleva escondidos del cuarto oscuro los votos que considera rojos, enemista vecinos o parientes y refuerza en general todo lo que pueda hacer al mundo que lo rodea, más choto.
Un mundo mejorcillo
Podría ser que de aquí en unos meses los bancos volvieran a dar créditos, y todo al baile siga de nuevo un poco como venía. O podría ser que no, que se pudra todo; podría pudrirse.
En algún momento había que llevarse todas las fábricas del primer mundo a algún lugar más barato, más cerca del culo del mundo, y una crisis es una buena oportunidad para llevarse todo.
Por las buenas no iba a ser porque nadie lo iba a entender.
Igualmente allá va a seguir habiendo laburos de esos en los que se trabaja con la sonrisa y la frase oportuna, la atención al cliente, el besito en el culo.
Conforme se lleven las fábricas a los países miserables que van a creer que por fin están progresando, va a haber buenas ganancias de nuevo y van a poner a todo el mundo a trabajar de vendedor o publicista, hay que generar los conceptos de los productos, la historia, la vida que te vende un celular, un jean o un auto.
Alguien tiene que inventar los diseños y las historias para todo eso. Y ese va a ser el mundo, idiotizados por cachivaches relucientes multifunción, cambiando de trabajo cada seis meses, pero por suerte todos los trabajos van a ser iguales, publicidad o venta.
No va a haber que saber hacer nada más.
Por eso es preferible en realidad que se termine el petróleo de golpe.
Así pasa alguna otra cosa.
Nunca nos van a ofrecer la energía barata, aunque se descubra, porque si la energía es barata todo se vuelve barato y entraríamos en una economía de la abundancia, que es algo con lo que no se pretende contar.
Entonces se van a guardar las energías baratas como se guardan las vacunas contra el sida para que consumamos los cókteles que te mantienen con vida.
La humanidad va a mejorar porque es evidente que se va a controlar mucho mejor el código genético de los nacidos. Se van a elegir bien, y vamos a ser como los perros pura raza, vamos a tener pedigree. Altos rubios o negros, mejor, negros con ojos azules achinados.
Todo va a ir a mejor.
Ya no vamos a poder ser malos porque vamos a ser filmados todo el tiempo, y ese va a ser un nuevo trabajo muy útil para paliar la desocupación: la vigilancia.
Aparte ya es el deporte favorito desde que hay reality shows, así que no va a ser difícil tener a mucha gente trabajando en eso. Es el mejor primer empleo que puede haber para un joven curioso.
Nada personal, grandes rascacielos en los que cada persona trabaja haciendo el seguimiento de otra. El turno noche va a ser el mejor, aunque en general sea el más aburrido.
Por un sistema cruzado también se va a vigilar a los vigiladores.
Estos estarán dispuestos en salas de a 10, lo suficiente como para ser controlados por una persona cómodamente.
A esta persona, por supuesto se la vigilará también, con la ventaja de que puede que sea vigilada incluso por una de las 10 personas que están a su cargo. No va a ser complicado, y va a ser un mundo mucho más pacífico, con pleno empleo, y demás.
Vigilancia retroalimentada, lo mejor para evitar todo resquemor jerarquista.
Publicidad, Ventas y Vigilancia, las carreras del futuro. PVV de aquí en más.
LA SIMULACION EN EL ARTE - Jean Baudrillard

"Mucho más que a la comercialización del arte hay que temerle a la estetización general de la mercancía. Mucho más que a la especulación, hay que temerle a la transcripción de todas las cosas en términos culturales, estéticos, en signos museográficos. Nuestra cultura dominante es eso: la inmensa empresa de museografía de la realidad, la inmensa empresa del almacenamiento estético que muy pronto se verá multiplicado por los medios técnicos de la información actual con la simulación y la reproducción estética de todas las formas que nos rodean y que muy pronto pasarán a ser realidad virtual.
El arte era un simulacro dramático en el que estaban en juego la ilusión y la realidad del mundo, y hoy no es más que una prótesis estética. Entonces, evidentemente da al término «estético» un sentido peyorativo, en cierto modo. Cuando digo prótesis quiero decir que se trata de veras de una prótesis artificial equivalente a las prótesis químicas, hormonales, genéticas, que se producen ahora en todas partes. Hoy se produce arte exactamente de la misma manera. Se ha dicho por ahí que más adelante los anteojos, por ejemplo, habrán desaparecido, que se integrarán con lentillas en una especie nueva en la que la mirada habrá desaparecido, o sea, que serán reemplazados por una prótesis óptica. Del mismo modo, también el arte vendría a ser la prótesis de un mundo del cual habrá desaparecido la magia de las formas y de las apariencias.
Entonces el arte está condenado desde ahora a simular su propia desaparición puesto que ésta ya ocurrió. Volvemos a vivir así todos los días la desaparición del arte en la repetición de sus formas y, a este respecto, poco importa que esas formas sean abstractas o figurativas o conceptuales (son posibles todas las variantes, todas las diferencias): el problema genérico es el de la desaparición. Pero del mismo modo volvemos a vivir todos los días la desaparición de lo político en la repetición mediática de sus formas, y volvemos a vivir todos los días la desaparición de lo sexual en la repetición pornográfica y publicitaria de sus formas. Sin embargo, hay que distinguir los dos momentos: el del simulacro en cierto modo heroico en el que el arte vive y expresa su propia desaparición, en el que juega a su propia desaparición, y el momento en que gerencia esa desaparición como una especie de herencia negativa. El primer momento es un momento original, pero sólo ocurre una vez, aun si dura varias décadas (digamos desde el siglo XIX hasta comienzos del siglo XX), y el segundo, por el contrario, que llamaré el momento «póstumo», puede durar indefinidamente pues ya no es original, puede mantenerse indefinidamente hasta el infinito como en una especie de coma rebasado.
A la amenaza que la sociedad mercantil, vulgar, capitalista y publicitaria esgrime contra el arte, a esa objetivización nueva del mundo en términos de valor mercantil, Baudelaire opone, no la defensa de un estatus tradicional, de un valor estético tradicional, sino una objetivización absoluta. Ya que el valor estético corre el peligro de que la mercancía lo aliene, no hay que defenderse de la alienación sino más bien adentrarse más en la alienación y combatirla con sus propias armas. Hay que seguir las vías inexorables ‘de la indiferencia y la equivalencia absolutas’, mercantiles, y hacer de la obra de arte una mercancía absoluta.
El arte, enfrentado al reto moderno de la mercancía, no debe buscar su salvación en una negación crítica, ni en el rescate de sus propios valores, lo cual daría como resultado el arte por el arte, que ya conocemos, es decir, una especie de espejo invertido de la condición capitalista. Por el contrario, el arte debe abundar en el sentido de la abstracción formal y fetichizada de la mercancía, de una suerte de valor de cambio feérico, y volverse más mercancía que la mercancía ir pues más lejos aún en lo que respecta al valor de cambio y así escapar de él radicadizándolo. Este es el principio de toda estrategia. Se trata entonces de una ofensiva, no de una estrategia defensiva de la modernidad, nostálgica, melancólica, que sueña con el estatus del arte clásico, sino, por el contrario, de una estrategia para acelerar el movimiento, precipitarlo yo lo llamaría una estrategia fatal del valor estético.
El objeto absoluto pues la obra de arte se convierte en una especie de objeto absoluto, en tanto las mercancías son objetos relativos es, en este caso, aquel cuyo valor es nulo (ya no hay valor) y cuya cualidad es indiferente, pero que escapa de la alienación objetiva al hacerse más objeto que el objeto. Tiene que ser más objeto que el objeto, no hay que aspirar a no ser ya objeto, no hay que querer ser puro sujeto y rechazar la alienación. Por el contrario, hay que ir más lejos en lo que respecta a la objetivización. Esto es lo que da una cualidad fatal.
Esta superación del valor de cambio, esa destrucción de la mercancía por su valor mismo, se hace visible por cierto en la exacerbación del mercado de la pintura. Se puede lamentar la especulación mercantil con la pintura, pero se podría aceptarla como una especie de destino irónico del arte, pues al hacerlo el valor estético, la especulación insensata con la obra de arte se vuelve de cierto modo una parodia del mercado. Además, en cierta medida, fue con el mercado del arte que se inauguró, se experimentó primero la especulación sin límites que vemos hoy operar en los juegos de la bolsa, en las plazas financieras; y esta especulación está hoy en todas partes, en lo político, en lo económico, etcétera. Pero se dio primero en el mercado del arte; en este sentido el arte fue premonitorio, pues en él operó antes eso que en apariencia es el contrario absoluto del arte, a saber, la especulación mercantil. Y paradójicamente, en el arte justamente se realizó esa especie de proliferación del valor que de hecho es como una negación irónica del arte.
Entonces la ley de la equivalencia queda rota y uno va a parar a un dominio que ya no es para nada el del valor sino el del fantasma del valor absoluto, una especie de éxtasis del valor. Esto vale no sólo para el plano de lo económico sino también para el plano de lo estético. En lo que se refiere a la estética, en mi opinión, se está en esa especie de éxtasis del valor, y en la situación extática se está literalmente «fuera de sí», fuera de la posibilidad del juicio. Es una situación donde ya no es posible el juicio estético en términos de lo bello y lo feo; es simplemente el éxtasis del arte ya se está más allá de las finalidades del arte, de la finalidad estética, en un punto extraordinario donde todos los valores estéticos (sea lo neo, lo retro, todos los estilos) están maximalizados simultáneamente. Todos los estilos pueden volverse, de un solo golpe, efectos especiales y valer en el mercado del arte, figurar en el hit parade del arte, y ya es realmente imposible compararlos, emitir un juicio más o menos temperado al respecto, un verdadero juicio de valor. En fin (y esta es mi impresión personal), se está en el mundo del arte como en una especie de jungla, una jungla de objetos-fetiche o más o menos fetichizados, y como se sabe ese objeto fetiche no tiene valor o tiene tanto valor que ya no se puede intercambiar. Por consiguiente, el arte no es ya lugar del intercambio simbólico, es el lugar del intercambio imposible: todo está allí, pero no hay intercambio y cada cual hace lo que tiene que hacer. Hay comunicación, pero no intercambio.
Entonces si la forma mercancía rompe la idealidad del objeto (su belleza, su autenticidad y hasta su funcionalidad) no hay que intentar la resurrección de la obra de arte sino, por el contrario, llevar hasta el límite esta ruptura, porque la síntesis es siempre una solución, la dialéctica entre las cosas es siempre una solución nostálgica. La única solución radical, moderna (de nuevo según Baudelaire): potencializar lo que haya de nuevo, de inesperado, de genial, en la mercancía. Esto resulta un punto de vista interesante: en vez de decir, «la mercancía es vulgar, ordinaria», etcétera, decir «la mercancía, si se lleva su lógica al extremo, es genial». Hay que ir hasta el límite, es decir, potencializar la indiferencia de la mercancía, la indiferencia del valor, potencializar la circulación sin reserva de las cosas. La obra de arte debe adquirir un carácter extraño, Un carácter de choque, de sorpresa, inquietante, y al mismo tiempo un carácter de liquidez, de circulación, e igualmente, como la mercancía, una especie de valor instantáneo y autodestructivo.
En realidad hace falta (sé que esto es difícil de aceptar para los artistas) extraer de algún modo de la nulidad un efecto extraordinario, es decir, extraer un efecto especial de la banalidad. En fin, hay que transfigurar el sin sentido (que cada cual tomará como quiera) y ello, de cierto modo, es una nueva forma de seducción. Ya no se trata del dominio del orden estético, como en el arte tradicional, sino más bien del vértigo de la obscenidad. La mercancía ordinaria, esa con que tratamos todos los días, es el universo de la producción (y, por supuesto, ese universo es melancólico –indiferente pero melancólico–), pero elevada a la potencia de mercancía absoluta genera entonces efectos de seducción.
El objeto de arte sería entonces así un nuevo fetiche triunfante, abocado a desconstruir su propia aura (de la que habla Benjamin), su propio poder de ilusión, para resplandecer en la obscenidad pura de la mercancía. Tiene que aniquilarse como objeto familiar y hacerse monstruosamente extraño. Sin embargo, esta extrañeza no es ya la del objeto alienado. No se trata de un objeto alienado, ni de un objeto reprimido, ni de un objeto perdido; no brilla por la pérdida o la desposesión, brilla por una verdadera seducción venida de otra parte, brilla por haber excedido su propia forma para llegar a ser objeto puro, acontecimiento puro.
Vuelvo sobre Andy Warhol. Éste sostiene la exigencia radical de volverse una máquina absoluta, más máquina que la máquina (aquí hallamos la estrategia fatal de potencializar algo, no una regresión, sino querer ser más máquina que la máquina), ya que Warhol apunta a la reproducción automática, maquinal, de objetos ya mecánicos, ya fabricados, así sea una lata de sopa o el rostro de una star (el de Marilyn Monroe, por ejemplo). Por tanto está situado en la misma línea, va en la misma dirección de la mercancía absoluta de Baudelaire, justamente ejecuta a la perfección la visión de Baudelaire, que a la vez es el destino del arte moderno: realizar hasta el extremo, es decir hasta la negación de sí mismo, el éxtasis negativo del valor, que también es el éxtasis negativo de la representación. Y cuando Baudelaire dice que la vocación del artista moderno es dar a la mercancía un estatus heroico, mientras que la burguesía sólo logra darle con la publicidad una expresión sentimental (con lo cual indica que el heroísmo no consiste en absoluto en volver a sacralizar el arte y el valor opuestos a la mercancía cosa que en efecto resulta sentimental y alimenta aún hoy por todas partes nuestra creación artística sino en sacralizar la mercancía como tal), convierte a Warhol en el héroe o el antihéroe de arte moderno, Y ello en la medida en que Warhol se adentra más que nadie en la Vía Ritual de la desaparición del arte, de toda sentimentalidad del arte, y lleva lo más lejos posible el ritual de la transparencia negativa del arte y de la indiferencia del arte ante su propia autenticidad. De cierto modo se sigue haciendo hoy; la reapropiación, la simulación, etcétera, son un poco eso.
Existe en verdad una especie de no creencia radical pues ya el arte no cree en su propia autenticidad. Sin embargo, este hecho no es necesariamente despreciativo, no tiene una cualidad negativa. Se dice que el arte se ha vuelto iconoclasta, pero se ha vuelto también agnóstico porque ya no cree en su propia sacralidad, en su propia finalidad. No obstante, la posición agnóstica, la posición iconoclasta constituyen una situación muy poderosa: se puede hacer cosas aún mejor cuando no se cree en lo que se hace que cuando se cree.
El arte oficial rechaza su propia desaparición, y por eso mismo desapareció. Sin embargo, de repente, reaparece hoy; vemos resurgir por todas partes las formas que creíamos desaparecidas en el curso de la modernidad, en el curso de esa especie de progreso moderno del arte, de la revolución del arte, de la liberación del arte. Pudo pensarse que todas esas formas de arte tradicionalistas, académicas, etcétera habían desaparecido definitivamente, pero no es cierto. Hoy se les saca a luz, se muestran en los museos, por todas partes, y ello quizá indica efectivamente que la verdadera aventura del arte moderno, que fue la de su desaparición, ha terminado, y que ahora resurge un arte que no aceptó nunca su propia desaparición, un arte que siempre quiso ser positivo. Una vez terminada la otra –la gran aventura– todo resurge, resurgen todos los vestigios aun de lo que precedió a la modernidad.
Algo sucedió hace un siglo y medio que tenía que ver a la vez con la liberación del arte su liberación como mercancía absoluta y con su desaparición. Me parece que el ciclo terminó, aunque soy totalmente incapaz de decir qué puede haber más allá del ciclo (más allá del ciclo está el reciclaje, simplemente y en eso estamos). Desde ahora en adelante estamos en una especie de fin sin finalidad que es lo opuesto a la finalidad sin fin de Kant. Quizá estemos en lo que he llamado «transestética», aunque este término no tiene mucho sentido ya que simplemente quiere decir que la estética está realizada, generalizada y que, por ello mismo, se rebasa a sí misma y pierde su propio fin.
Esta peripecia, que es la nuestra actualmente, resulta en verdad muy difícil de describir y yo no pretendo en absoluto saber por qué fase está pasando hoy. Resulta tanto más difícil porque al desaparecer esa especie de movimiento real del arte, el movimiento real del juicio del valor estético, desaparece a la vez la posibilidad de juzgar. Entonces ¿quién juzgará este arte? ¿Otra cultura, a la postre? ¿Alguien proveniente de otra parte habrá de juzgar nuestro arte? Eso sería espantoso. Hoy sería en verdad un sinsabor inverosímil tratar de encontrar algún criterio, cualquiera que fuese, con el cual aún continuar la descripción de una historia del arte.
Creo que la historia del arte se detuvo quizá con Duchamp, aunque no estoy seguro (hablaré de esto más adelante y también del ready made y de la realidad virtual). En efecto, podría pensarse que el arte sigue existiendo como actividad, pero más allá del juicio, de la línea fronteriza con la que al menos había la posibilidad de decir: «Ahí hay una estética».
Entonces se me plantea la misma pregunta que hice antes: ¿Hay todavía una ilusión estética? ¿Hay todavía la posibilidad de encontrar un reto más allá de la pérdida del valor, algo que no tenga ya que ver con el valor sino con una gran ilusión (en el sentido de la mercancía absoluta de Baudelaire), es decir, encontrar una estrategia fatal más allá del propio mundo, de la alienación y de la mercancía?
¿Habrá todavía una estrategia fatal del arte o ya no se está más que en la estrategia banal de la estética? Así planteo de nuevo el problema.
A partir del momento en que todo puede convertirse en obra (basta colocar un hierro de planchar en un museo para que sea una obra de arte), todo individuo se convierte evidentemente en público de arte; se ve transformado en ready made exactamente del mismo modo en que el objeto se transforma en ready made en la exposición, y esto no crea una complicidad sino una coalescencia de dos. Pero en esa coalescencia no se ve que haya esa especie de electricidad estética y tampoco siquiera una admiración esa admiración que al fin y al cabo es una pasión debido a que algo en ese objeto seduce, o sea, esa pasión que distrae de la propia identidad, del propio ser y hace que uno sea otra cosa, que lleva hacia otra cosa. No veo cómo hoy en día uno puede apasionarse, arrebatarse en ese sentido, y ello por diversas razones, pero sobre todo por el hecho de que el objeto hoy expuesto es una especie de contravalor.
En suma, hay que admitir que hoy la mayor parte de los objetos estéticos son obras que recurren a una especie de irrisión y hasta, podría decirse, de chantaje. Parecen decir: «Bueno, aquí estoy, si no me reconocen es porque no entienden nada». Esto es muy imperante hoy en todas partes. Cualquier objeto se ofrece a la admiración y si no se es capaz de admirar es porque uno no es cultivado, porque uno no está en la movida y no sabe nada. Hay en la actualidad una especie de forcing de la admiración, de la frecuentación, del consumo, una especie de chantaje. Y entonces el público, que al fin y al cabo no es imbécil (como tampoco son tan imbéciles las masas como lo creen los que pretenden manipularlas), se pone también en posición de irrisión: mira, entra en el juego, pero es un juego falseado en el que no hay complicidad positiva, entusiasta, sino más bien negativa, debido a que ni el objeto está seguro de ser verdaderamente una obra de arte, ni el que lo mira está seguro de tomarlo por una obra de arte. Pero no importa, el asunto funciona pese a todo y funciona aún mejor en la decepción. El dominio del arte hoy es el dominio de la desviación y de la decepción. Esto es grave, pero así es. Sin embargo, no por ello debe cesar todo, por el contrario, debe continuar indefinidamente, ya que cada decepción, como es bien sabido, conduce de una a otra esperanza. Por cierto, es la misma estrategia en la política."

Son la clase de ideas que parecen justificar el lado más "incomprensible" (detestable para los cruzados hartistas) del arte contemporáneo.
Yo, ¿para qué voy a expresar opinión al respecto?, el mundo gira, los años pasan, la historia corre y nunca vuelve atrás.
A mí me hace pensar, no me deja indiferente, y me da alguna idea acerca de qué ha venido sucediendo en el mundo del arte, en lugar de simplemente negar validez y pensar que el mundo puede tranquilamente encarrilarse hacia alguna época pasada de significados añorados.
Yo también quise ser una artista de esos de los que hubo alguna vez, pero en lugar de intentar negar la realidad intento pensar a partir de lo que no comprendo, y no de lo que ya está explicado pero es negado por los hechos.
Baudrillard era un vejete pesimista, por supuesto, un poco desbordado por proponerse pensar un mundo demasiado desbordante. Pero su pensamiento te lleva a un territorio extremo, a una sensación precipiciana que produce un vértigo similar al de la montaña rusa, pero desde hipótesis teóricas temerarias. No tiene nada que ver con la verdad o con la sociología, no tiene nada que ver con lo demostrable, sino con lo "pensable" a partir de mirar las cosas con una afectación desmesurada, en vez de la adaptación acrítica o de su contrario, la persistente crítica inadaptada.
- ¿de qué estoy hablando? ¿soy demasiado abstracto? mejor así.
- ¿la imágenes? No tienen nada que ver, son fotos que hice de una maqueta mientras la construía, después las manipulé digitalmente de manera excesiva, logrando algo parecido a lugares incomprensibles.
Imposible llamarlo arte.
Mejor así.
¿Esparta? No, gracias
Cuando salí de ver 300, la película basada en el comic de Frank Miller, pensé que había sido obligado a sentirme identificado con una manada de fanáticos fascistas.Era algo obvio, hiriente; lo que más pensaba era en esa terrible chatura mental que era capaz de igualar una visión maniquea de una batalla antigua con los ideales la democracia libre occidental contemporánea.
Un abuso, que yo sentía pero que podía procesar, filtrar, por mi coraza idológica, pude incluso disfrutar, pero que sentía que sería tragada sin digerir por la masa de consumistas acríticos, sobre todo norteamericanos. Después pensé que era tan obvio que nadie lo tragaría.
En fin, poco después encontré un artículo del esloveno Zizek, el hombre capaz de analizar un fenómeno de masas cualquiera desde una perspectiva filosófica compleja formada por la tríada Hegel, Marx y Lacan...
Este señor, que se supone que es de izquierda (pero no se sabe a ciencia cierta a la izquierda de qué), siempre ha sabido poner las cosas pata arriba de maneras muy interesantes, y su discurso es casi tan encantador como las imágenes altamente contrastadas de Frank Miller y de la adaptación de su obra.
Zizek hizo un esfuerzo por dar vuelta como un calcetín el sifgnificado más obvio que uno, cualquiera, podía extraer de la película: no se trata de propaganda yanqui, sino de lo contrario, de la exaltación de valores como la disciplina, que hoy han caído en la desgracia por nuestra contemporánea e hiper-permisiva moral líquida posmoderna. Nuestro único imperativo supremo de hoy en día es "disfrutar", y de alguna manera el idealismo fanático de los espartanos se opone a esto, y en opinión de Zizek representa mejor a los actuales fundamentalistas islámicos que a los occidentales. Los persas decadentes y orgiásticos representan, paradójicamente, en un plano de lectura en el que está sólo Zizek paradito, a la América hedonista y Calfornication.
Termina uno no sabiendo si para Zizek estos valores son buenos, frente al hedonismo actual, o si son malos, si los identificamos con el fanatismo. O si para él, el fanatismo es positivo, o de izquierda. Tal vez es que se divierte poniendo todo patas arriba y nada más.
Confieso que mi fe en el filósofo me llevó a aceptar a regañadientes esta retorcida hipótesis.
Pero he encontrado un artículo que, no sé si desmonta esta hipótesis, pero al menos desglosa pieza a pieza el mensaje que yo creía estar recibiendo en un primer momento (sí, nos encanta que nos den la razón), analizándo, más por el contenido del relato que a nivel estético, la ideología "subyacente" (yo diría que manifiesta, explícita y descarada) de la película.
Es la interpretación más directa y obvia, menos acrobática, pero clara.
¿Blanda?
Pertenece a Wu Ming, el escritor colectivo.
De a poco crece la certeza de que Zizek es demasiado estalinista para mi gusto.

perdona, Slavoj, pero me quedo con lo más obvio, aunque sea por esta vez
Ask the dust
Es inconcebible que lo leas aquí entero, pero echarle un ojo al menos.
Me encanta como empieza, después del prólogo de Bukowski...
Fante, John - Pregúntale Al Polvo
Por cierto, se ha hecho la película, cuyo título en Argentina fue libremente traducido como "Pregúntale al Viento", lo que delata la persistencia de un ridículo pudor en el organismo encargado de re-nombrar las películas que se estrenan.
Supongo que "Pregúntale al polvo" les parecería que tenía demasiadas connotaciones drogo-sexuales, no lo sé. Sólo habla mal del malpensado que lo cambió.
La película es más bien mala, aunque la ambientación en la California de los 30 parece excelente, Collin Farrel bien podría hacer de padre de Arturo Bandini en vez de interpretarlo a él, lo cuál lo hace lucir como un estúpido treintañero que se comporta como si tuviera diez años menos, y Salma Hayek exagera la histeria de Camilla hasta parecer casi... argentina!, rozando lo insoportable, reproduciendo con éxito un estereotipo de la mujer latina como imbécil incorregiblemente orgullosa de ser... nadie.
en fin, si tienen que ver la película, veanlá después de leer el libro, porque destruye lo esencial, el tono en que el autor consigue burlarse de sí mismo con cariño.
alguna otra cosa
Investiga qué sería necesario. Qué sería otra cosa.
¿qué sería lo no-nuevo?
limbo
No sin una mota de culpa en un rincón... pero, si los medios de comunicación no nos bombardearan con las (malas) noticias de lo que ocurre (de nefasto) en el mundo... como ha sido durante siglos, no tendríamos esa culpa estúpida, que probablemente forme parte de la ecuación global.
La culpa es algo que siempre se le ha suministrado a las mayorías, y cuando la culpa religiosa dejó de hacer efecto, ya existía la culpa humanista.
O tal vez la culpa humanista, la del buen samaritano, la que se figura las desgracias y se solidariza, se com-padece, acompaña en el sentimiento, fue la que permitió sacarse de encima la religión por un sustituto más modernizado.
No sé bien cómo, pero es un factor importante de la ecuación.
¿qué ecuación?
la que tiene como resultado:
x=esclavo, y=esclava
no importa.
tenemos nuestro blog para dar noticia de las estupideces más diversas a algún trasnochado que por azar se cruce con nosotros.
Ey, singular solitario de la web, ¿qué estamos haciendo frente a esta pantalla?
¿qué clase de vida nos hemos construído en la que no tenemos otra cosa mejor que hacer?
No termino de comprender lo que yo estoy buscando con mantener todo esto en funcionamiento.
Comunicación.
Las pocas veces que he mantenido conversaciones mediante blogs, me han resultado absolutamente insatisfactorias.
parece ser que intento mostrar aquí algo de mi producción, tal vez con una recóndita esperanza de conseguir un trabajo de esto... - ¿por tener un blog, que te paguen por tener un blog?
- no bueno, no exactamente por tener un blog, que alguien descubra mi talento y se le ocurra pagarme para que lo use en algo, no sé, para que escriba en algúna revista, o libro, quién sabe...
Sí, cómo vemos, absolutamente irracional, infundado, improbable y encima, patético.
Si por lo menos fuera para conseguir mujeres, pero ya ni es por eso.
Ojo, si consigo acceder a un grado de inutilidad, de intensa dedicación a algo inútil e infructuoso, con plena conciencia, pero con entusiasmo, estaré transitando el inútil camino del arte, la sublimación de lo inútil.
y de a poco voy recuperando mis valores.
porque lo inútil, aunque de entrada suene mal, es la actividad suprema.
Lo que no sirve para algo, sirve para sí mismo.
Lo que sirve para algo, está atado a la idea de trascendencia.
Lo que no sirve para otra cosa, es lo inmanente, lo que trata de sí mismo, y cuya única finalidad es ser.
Soy filosóficamente tosco, disculpen expertos.
Pero el que rompa las cadenas no va a tener que ir a limpiarle el baño a ningún señorito, ni a juntar el algodón.
escribir es para encontrar algo más que lo que ya teníamos
para pensar algo que no pensábamos
pero hace mucho que eso no me sucede
de momento, el sentimiento más claro que tengo, es que perdí las finalidades trascendentes.
logré varias de las cosas que tenía en el horizonte.
mi próxima meta es la creación.
lograr crear.
¿qué?
algo BUENO (en el sentido de la calidad, no de la moral)
algo excelente (sin llegar a perfecto)
algo que si no lo hubiera hecho yo, y lo pudiera ver o escuchar o leer, me hiciera admirarme de satisfacción, me hiciera decir "qué bueno que es esto", me hiciera dar ganas de crear.
pero estoy muy lejos.
si hay 897 escalones, voy por el tercero.
Hace tiempo que creo que estoy en el tercer escalón, y no encuentro el cuarto.
Tal vez cuando me mude encuentre el cuarto.
Es que mi vida ha llegado a boxes.
Venía acumulando cambios cuantitativos, y de repente han habido varios cambios cualitativos de enorme magnitud que van a modificar toda la dinámica y el juego de necesidas fisico-psíquicas.
Estoy demasiado espectante frente a mi próxima emigración/retorno, volver a bañarme en un mismo río que ya no es el mismo río 11 años después, dónde tampoco yo soy yo, como bien apuntaba Heraclito, y bueno, creo quela falta de perspectiva se debe a que delante mío sólo veo ese teletransportador.
Así que todo esto es una cosa muy dubitativa, en vez de estar ansiando crear debería estar preparando todo lo que aún pueda preparar, aprender lo que aún pueda aprender, y esperar a que el tiempo adecuado llegue.
the good art of traducing
Al cruzar el ecuador del no pequeño volúmen de 415 páginas, bueno casi, en la página 189, que no es un feo número, todo hay que admitirlo.
La traducción es mala, definitivamente.
Observemos el siguiente párrafo:
"Hugh se retorcía en la cama al pensar en la humillación que su triquiñuela publicitaria le había deparado en realidad, humillación suficiente en sí misma para enviar a cualquiera a un retiro aún más desesperado que el mar... Entre tanto resultaría apenas exagerado afirmar (Cristo, jefe, ¿ya ha visto el maldito periódico? Llevamos a bordo a ese bastardo, un duque o algo así) que había empezado con el pie izquierdo respecto de sus compañeros de tripulación. ¡No que la acitud de éstos fuera en modo alguno como hubiera podido esperarse! (...)
esta última frase me resulta por entero inescrutable, la extrañísima construcción sintáctica me hace preguntarme, ¿no había en español manera más clara de decir... lo que sea que haya querido decir?
¿la actitud de éstos, era cómo hubiera podido esperarse o no?
¿hay algo genial o erróneo en este misterio indescifrable?
voto por lo segundo.
Descontando que maldito debe ser la traducción del infaltable bloody... pero esperen, ahora viene la evidencia, unas líneas más abajo, la prueba del crimen...
"(...)Leían su diario a sus espaldas. Robaban su dinero. Hasta hurtaron su mono y lo obligaron a comprarlo de nuevo, a crédito, puesto que se habían privado a sí mismos de su poder adquisitivo."
Me indigno al escribirlo.
Puedo imaginar que el problema lo tuvo con el themselves, imagino algo así como "they had deprived themselves of his adquisitive power", lo que, aplicando un poco el sentido común, debería significar, "puesto que lo habían privado ellos mismos de su poder adquisitivo".
Es que la frase, si no,
Me dirán: ¡que insoportable meticulosidad, no es para tanto...!
Sí lo es, porque me estaba costando mucho leerlo (mucho más que cualquier otro libro que haya querido seguir leyendo, por cuestiones ajenas al placer), porque Lowry intercala demasiados paréntesis y bifurcaciones (cosa que no es un defecto en sí cuando el traductor no pierde el hilo de las frases), y porque el otro personaje de "Bajo el volcán", el Cónsul, es completamente borracho, y tuve que atribuir toda la inexpugnable complejidad de su pensamiento a su mente etílica, sin poder nunca garantizar si la proveniencia de la inconveniencia era reflejo de esto, o de impericia traductoral.
Me pone en un aprieto, porque no es ese malestar que producen las traducciones demasiado españolísimas de una jerga callejera, como sucedió con la edición que tengo de "El guardián entre el centeno" (o Cazador Oculto, como han gustado llamarlo también), desde el primer párrafo:
"Si de verdad les interesa (¿por qué no "os interesa", ya que estamos?) lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata..."
y así ad-infinitum...
Qué se le va a hacer, uno se acostumbra y de alguna manera hay que expresar ese tono entre juvenil e imbécil (¿cómo? ¿no es imbécil?) del protagonista, y no sé si habría manera de neutralizar esos términos sin perder el mismo (tono imbécil)...
No se qué hubiera hecho César Aira, por ejemplo, pero dudo que hubiera utilizado, "toda esa verdura" en vez de "todo ese rollo", o "demás boludeces" en vez de "demás puñetas" o, "un embole" en vez de "una lata"...
Ni tengo ganas de hacer el esfuerzo yo de pensarlo.
No gratis, claro.
Con los libros de Burroughs pasa algo parecido.
Sobre que el tipo experimenta con las estructuras narrativas, presumiblemente también con las gramaticales, los traductores tienen que interpretar el sentido de la proeza y acondicionarla a nuestra amada lengua (que tuve que aprender bajo presión, cuál indígena, pobrecillo) generando cenagosos párrafos impracticables.
Pero ERRORES, eso sí que me jode.
Porque pierdo toda la fe, que era lo único que me venía sosteniendo en el inhóspito paraje de Quaunahuac.
Es que soy un hombre de poca fe.
Demasiado moderno.

Diantres, hasta le había dedicado un dibujito al Cónsul tomándose un wiskacho en su casa de la calle Nicaragua... (incluír quetzales voladores ya sería demagogia)
decálogo y lloriqueo
1- usa una palabra difisíl por párrafo, si es posible por oración
2- comienza mal
3- termina peor
4- adjetiva y adverbia por demás
5- encadena frases hasta perder la correlación sujeto verbo
6- usa metáforas (ya no hay metéforas buenas, sólo malas)
7- generaliza o estereotipa al género humano
8- moraliza desde valores aceptadísimos con tono subversivo
9- narra desde una sola perspectiva
10- no conoce las fisuras, en vez de producirlas, ignora que se producen
en fin, podemos aplicarlo a mis textos con mucho éxito.
estoy aburrido de navegar en blogs en busca de textos a los que incarles el diente.
me aburren muy rápido.
de lo que escriben los demás sólo me interesa lo que se parece a lo que escribo yo. qué extraño.
no sé que quiero que me comenten.
no sé por qué deseo evidencias de que se me lee.
no sé por qué no sigo escribiendo en un cuaderno y se van todos a cagar.
ahora que alcancé una posición ansiada estoy hastiado, estancado.
creía que tendría tiempo para realizar lo que deseaba, y me sale esto.
creo que me he ido adentrando en el malestar porque me es más fácil escribir ahí -no por ello escribir mejor.
no puedo parar.
Un lector dañado
Nunca creí que pudiera gustarme leer comentarios sobre libros en los que hubiera un 35% de posibilidades de que se diga algo sobre el libro en cuestión, y que cuando se dice, es tremendamente subjetivo, críptico y bañado en el cambiante estado de humor del que comenta.
Se hace llamar Juan, y lee mucho, y cuando no le gusta, lee páginas enteras "en diagonal", como dice él, y simula diálogos fuera de tono con lectores o con los autores mismos, es o se hace el bisexual pervertido, simula ser una basura de persona, pero se le nota que es buena gente.
Defenestra sin compasión al 80% de los libros que lee, tal vez más. Uno no lo haría, sólo por no tener que admitir que perdió tanto tiempo leyendo algo malo.
En su blog, abajo a la izquierda, hay un índice de sus lecturas por autores y títulos, indiscriminadamente.
Lástima que desde que entré por primera vez, no ha publicado nada nuevo.
El cabrón no tiene abiertos los comentarios, y de alguna manera eso resulta admirable.
¿por qué yo me quedo esperando que comenten sobre lo que yo escribo? sólo indica debilidad.
bueno, éste es el blog del malnacido este.
Demuestra algo que en un tiempo yo decía, la Literatura no es algo bueno, leer no es necesariamente positivo. Cuando uno se mete, comienza a necesitarlo, como el tabaco.
por supuesto
Una de mis cosas favoritas es pensar
Pensar en mis cosas favoritas
¿Cómo vas a tener tiempo de pensar en tus cosas cuando te dedicás a pensar en las cosas de otros?
Si no se puede cumplir con la jerarquía de valores, se la desmonta y reorganiza.
Uno demora mucho en alcanzar alguna claridad, y un día apenas alcanza a darse cuenta de que la perdió de nuevo.
Toda una vida puede adquirir sentido en un solo instante, estar ahí justo para eso.
La vida no tiene argumento, no sé por qué somos tan adictos a las historias.
Dijo Nietzsche que el hombre va a preferir cualquier explicación antes que ninguna. Esa es la clave de absolutamente todo.
No me creerías si te dijera que no sé en qué va a terminar todo esto, pero la vida es más bien así ¿no?
Yo quiero que me leas, y ponerte en el compromiso de decirme algo.
No me basta con escribirlo para mí, no tiene gracia
La cuestión acerca de mi derecho a escribir, la dejaré en manos de moralistas expertos
Que ellos decidan y me informen, y en todo caso que me lo impidan si consideran que eso debe ser así
está tan bien hecha esa realidad que nos traen a la mañana con el desayuno
que para qué esforzarnos en construir la nuestra
con palitos, pegada con moco, con alambres
destartalada
Muchas veces nos vemos incitados a elegir entre algo y nada. Sólo cuando elegimos la nada descubrimos que hay mucho más. Que la nada no existe, o es solo el espectro de la muerte. Aprenderemos a desconfiar de la nada. Nunca accedemos a la nada, es sólo un nombre para lo desconocido, su negación.
tenía un personaje que se despertaba amnésico
Si se borraran nuestros recuerdos, ¿qué quedaría? ¿alguna “estructura” del pensamiento quedaría? ¿la “forma” de pensar?
La experiencia ya dió arquitectura a las cavidades cerebrales, construyó pasillos que conectan una sala con otras destinadas a distintas clases de información acerca de la realidad.
pero le fui dando pedazos de mi pasado
algunos pedazos disfrazados, otros desnudos
un asco
ahora que parecía que no había nada más que inventar, aparezco yo, es fantástico
Sepan disculparme si alguien está escribiendo exactamente lo mismo en este momento, pero tampoco puede uno estar enterado de todo.
Hay muchas personas daltónicas, no distinguen los colores, sobre todo el verde y el rojo. Pero aprenden a distinguirlos. Creo que ven en una escala de grises, se acostumbran a saber que un tomate es un poco más oscuro que una lechuga, y con eso se las arreglan hasta que se cruzan con una aceituna… pero saben que se supone que las aceitunas son verdes.
No debe ser fácil.
Arte = exceso intersticial temporalmente inconsumible
El arte es un exceso inconsumible.
Hasta que el Gran Organismo lo consume.
Exceso es una obsesión. Exceso de multiplicar exponencialmente una ocurrencia mínima. Para todo lo demás está el consumo.
Nuevos objetos que agregar al Organismo Omnívoro.
Por eso camino sobre la línea. O porque camino sobre la línea veo qué es lo que la línea separa.
Es tan fácil como multiplicar un desecho por sí mismo las veces que sean necesarias; todas las veces posibles.
Generar algo inconsumible, pero a la vez excesivo, es una gran hazaña.
De hacerlo consumible, de digerirlo, ya se encarga el Gran Organismo Omnívoro, por su naturaleza voraz, lo inconsumible es su plato preferido.
Qué simple que es el mundo.
Tan lleno de intersticios.
Un intersticio es un espacio infinito, como el que existe entre dos números, o entre dos átomos. Infinito o infinitamente divisible, es lo mismo.
En ese espacio infinito habitan cosas infinitas, infinita cantidad de cosas sin nombre.
Fotos de mugres por ejemplo, esa exposición de 800 fotos de mugres es una obra de arte.
Esa es la línea que separa la nada de las cosas. La nada es interna, intersticial al mundo, y no externa o perimetral. La línea bordea cada cosa separada de las otras por abismos.
Nuestra realidad es digital, da saltos cuantitativos de una cosa a otra, dejando infinito espacio entre ellas.
Lo Inconsumible es lo más parecido a lo Exótico que tenemos. Es lo único que tienta a la bestia omnívora. Démosle de comer sus propias heces que hace desaparecer por el inodoro.
Todo el mundo ha sido descubierto y explorado, no queda nada más allá de las fronteras. La frontera está de ahora en más, en el intersticio.
El tejido primermundista de las cosas es mucho más compacto.
Es más fácil ver el intersticio en el llamado tercer mundo.
Ahí predomina, conforme nos adentramos en la precariedad.
Una vez encontrado se habita para siempre ese espacio mental.
Neo-Arca de Noé
Cuenta con un minucioso compendio genético de las especies del planeta.
Oscuros vaticinios habían dictado la necesidad de prepararse para un cataclismo.
Esa tripulación vaga por el espacio, dirigiéndose hacia otra galaxia que aparenta tener el potencial de albergar formas de vida.
La población crece, se establece bien sea en un planeta al que se ha adaptado, bien sea en una plataforma de simulación terrestre.
Los jóvenes humanos son educados en un recinto de simulación al que se da el nombre de “Perímetro”: se utilizan los modelos educativos y los contenidos de la civilización terrícola.
Sólo algunos sujetos accederán a grados superiores de conocimiento.
No se sabe quienes ni en qué momentos decidieron estructurar la sociedad de este modo, manteniendo a la mayor parte de la población en un estado simulado de normalidad terrestre.
Tal vez haya sido la única manera de sostener el status quo más allá de los límites de la Tierra.
Para un nuevo estado de escasez, las técnicas para preservar los privilegios ya estaban exhaustivamente demostradas.
Aparece en el horizonte un sistema solar parecido en todo al terrestre, y un planeta idéntico, con vida desarrollada en él, según los primeros indicios.
Se envían agentes en pequeñas cápsulas a investigar al planeta.
Curiosamente, todo indica que el nuevo planeta descubierto es la mismísima Tierra, en un sistema solar idéntico al de la Tierra de origen, en una galaxia idéntica.
En esta Tierra está transcurriendo el período histórico de finales del siglo XX, es decir, el período inmediatamente anterior al gran cataclismo.
A pesar de que la nueva civilización post terrícola había mantenido el sistema temporal terrestre, al analizar el tiempo en esta “segunda” Tierra encontrada, resulta que su tiempo transcurre más lentamente.
Las 24 horas post terrícolas son unos 7,83 % más cortas que las 24 horas terrestres. La diferencia es lo suficientemente alarmante.
Los expertos post terrícolas especulan con la posibilidad de Tierras clónicas, surgidas en un mismo instante, pero con distintas velocidades. Eso explicaría el desfasaje temporal entre los dos mundos. No hay explicación.
Algunos afirman que la diferencia de escala temporal podría ser resultado del largo viaje de la plataforma espacial, en el que probablemente los ciclos vitales hayan sufrido modificaciones, y en el cuál la pérdida de referencia solar pudo desajustar los ritmos. Los interrogantes se multiplican.
¿Las réplicas son del universo completo o sólo de la galaxia?
Parece necesario al pensamiento que la réplica sea del universo completo
¿Habrán viajado más allá de la dimensión del universo hasta atravesar la separación entre las réplicas?. Esto supondría un límite entre universos iguales, tal vez simétricos, tal vez infinitos.
Podría haberse desfasado el tiempo al atravesar el borde.
Por otro lado, los datos que poseen los post-terrícolas del pasado de su civilización, de su época terrestre, son lo suficientemente imprecisos como para dudar de si la historia que presencian ahora, en versión ligeramente ralentizada, es exactamente la historia de su propia civilización.
Un agente de Tierra 1 que pudo infiltrarse en la Nasa de Tierra 2, tras muy arduas artimañas tecnológicas y de suplantación de identidad, reportó informes que no se tenían por conocidos en los registros post-terrícolas.
En Tierra 2, la Nasa maneja indicios de vida extra terrestre mantenidos en alto secreto que no figuran en los archivos post apocalípticos.
Como ya se ha presentado, la estructura política de la civilización post-terrícola es aún más férrea e inhumana que la que pudo existir en los tiempos terráqueos.
Desde las altas esferas surgió una voluntad cruel expresada en un nuevo programa de acción que iba a sustituir al de investigación y especulación: la destrucción masiva.
La consigna pasó a ser, de un día para otro, la eliminación de la población terrestre, para así re-ocupar el planeta con la civilización que se arrogaba a sí misma el derecho de considerarse la especie original, en función del adelanto temporal objetivo verificado científicamente. Los desajustes de ciclos biológicos se estudiarían una vez que se ocupara de nuevo la Tierra.
Se fraguó un plan de exterminio silencioso de la humanidad de Tierra 2.
Se intentó utilizar al agente que ya estaba infiltrado en la Nasa, pero éste se rebeló contra el objetivo, encariñado con la vida en Tierra 2. Este agente era el que más firmemente sostenía la teoría de que esta versión del planeta no era exactamente igual a la que precedió a la civilización post-terrícola.
Este agente comenzó a trabajar activamente para la Nasa en la defensa del planeta Tierra 2, en un programa secreto de construcción de dos dispositivos principales: una supuesta plataforma de intercepción de meteoritos, cuya verdadera misión era interceptar las cápsulas post-terrícolas que serían enviadas para la destrucción masiva de la humanidad de Tierra 2; y por otro lado, un plataforma espacial de supervivencia, en la cuál un equipo selecto estaría preparado para sobrevivir a un eventual cataclismo de la vida terrestre, con un minucioso compendio genético de las especies de la tierra, para garantizar la supervivencia del mayor número de especies que fuera posible conservar; este programa fue llamado Arca de Noé.
No sabemos si las copias del universo son preexistentes e infinitas, o se producen cada vez que el Arca de Noé alcanza el borde del universo. Tal vez el Arca de Noé lo que logra es retroceder en el tiempo infinitamente cada vez que alcanza cierto punto.
¿hacer realidad?
¿y si “realizar” es su función?
Ya dije que la realidad “común” no existe para mí, aunque su ilusión funcione bien, o más o menos, como para mantener consensos andando, al menos funciona la apariencia de que existe un consenso sobre lo que es la realidad.
Puedo estar dejándome engañar por el discurso mass-mediático, al que no se le puede pedir que hable de la des-estructuración de la realidad compartida, sino que sólo responde al fin de suturar y apuntalar ese objeto (la realidad), esa masa de objetos irreconciliables.
Pero el arte, un pequeño arte, la labor de un creador… ¿no puede aspirar a más que crear otro de estos objetos-realidad, que como fragmento de espejo proyecta una realidad, para que ésta termine siendo objeto de esa sutura en el gran organismo de realidades apuntaladas?
Si el artista genera una realidad o un discurso de realidad que pocos comprenden, que a pocos les gusta o les llega, ¿de qué sirve?
De todos modos al artista le preocuparía generar su propia realidad. Suturar él los elementos. Elegir y conectar cosas, cuantas más ate y estructure objetos en torno a su propio sentido, más fuerte es su realidad, o más amplia… también más se parece al gran organismo que todo pretende enlazar…
Lo popular, creía que era malo.
¿Y si el programa de oponerse a los realismos, oponerse a la representación, es una búsqueda estéril? ¿y si es una búsqueda ajena?
Hace falta una excusa para escribir.
Los realismos van a seguir multiplicándose… pero, ¿agregar uno más? ¿no hay ninguna otra cosa que hacer con la escritura?
Tendría que definir esta versión de realismo de la que hablo.
Sería crear esas imágenes de la vida, que nos producen sensación de vivir una situación, o de presenciarla… simular personas con personajes, lugares con descripciones, esas cosas de la ficción, de cualquier novela común.
Sin saber bien por qué estuve convencido de que ese modo de narrar desde un lugar del que todo lo ve y todo lo sabe, genera ilusiones sobre la vida que nos limitan la manera en que interpretamos nuestra propia vida. Mucho más grave es este efecto en el cine, pero resulta que la novela tradicional es el mismo programa. El cine sería un perfeccionamiento (optimización diría) del programa narrativo existente en la novela, del mismo modo que la fotografía fue un perfeccionamiento del programa figurativo de la pintura hasta el surgimiento de esa nueva tecnología.
Pero todo esto puede ser un reduccionismo tendencioso que generaliza bajo el término “novela”,“representación”, “realismo”, posibilidades ilimitadas de liberación del pensamiento.
Pero sí hay algo que entiendo bien respecto al lenguaje y la escritura, y es que se puede poner el lenguaje al servicio de las ideas, como quien imagina una escena y sólo busca las mejores palabras para describirla, o hacer aparecer imágenes imposibles de concebir en términos que no sean los del lenguaje. El extremo de esto es la poesía.
Todo mi discurso lógico y argumentativo no deja de ser un uso funcional del lenguaje.
Lo que no entiendo es por qué eso me parece mal. Como si me sintiera identificado con la lengua que no es usada para sus propios fines, sino con el fin de exponer ideas.
Es algo insólito.
una sola certeza
Están los muchos kilómetros de texto, remando la distancia de atrás para adelante.
Sobre todo está la sensación de que la vida es un montaje, un consenso descerebrado sobre lo que es la vida, dónde tal vez merezca la pena no tomarse nada en serio.
Mi objetivo puede ser no tener que aparentar más nada. No tener que aparentar que me interesa lo que no me interesa, ni que me importa lo que no me importa.
Existe la contrariedad de tener que ganar dinero para tener una posición más o menos cómoda. Pero tener que, además de ganar ese dinero, creer o aparentar creer en lo que se hace sólo por dinero, es mucho pedirme en este momento.
Me gustaría escribir sin contar, sin detalles narrativos.
No sé por qué.
Puedo argumentar que narrar es esclavizar el lenguaje a una función de sustitución de lo real y que quiero hacer alguna otra cosa con esto. No darte esa sensación de realidad compartida. Pero ya no estoy tan seguro de que haya otra cosa que crear esa sensación.
Sé que no compartimos una realidad.
Compartimos una materia prima, un caldo primigenio al que cada uno da forma, y cree que esa forma es compartida.
Compartimos estas palabras, que te dan la ilusión de que estás compartiendo ideas conmigo, pero no.
Puede que escriba para defenderme, para defenderme de la fealdad.
O para ser alguien.
Para quedar, ahí afuera. Para que algo de afuera demuestre mi existencia.
No consigo creer que el mundo sea un lugar caótico y sin propósito. Lo intento, pero me descubro creyendo otra cosa.
Siento que todo es un rígido tejido, y lo máximo a lo que se puede aspirar es a conocer el propósito o función de cada uno en el mundo. Pero sé que es indiscernible.
Lo más parecido a acertar parece ser el éxito, en alguno de sus modos.
Pero aún sin eso, sin la conciencia de nuestra función, la estamos llevando a cabo a la perfección.
Si yo viera el mundo de manera especial, o singular, y pudiera mostrarte esta manera de ver, mediante fotos, dibujos o palabras…no entiendo qué habría logrado con eso. ¿Qué ganamos? ¿o se tratará de que yo mismo pueda ver mi manera de ver?
Yo seguiré pensando que ves algo distinto que lo que veo yo. Si me dijeras qué piensas, no te creería tampoco. No creería que entiendo exactamente lo que quieres decir.
Llevado a esos extremos de sinsentido me he visto obligado a refugiarme en certezas:
Deseo, desde hace años, vivir en una ciudad con mar, dónde los inviernos sean leves.
Para ello no necesito explicaciones, argumentos ni justificaciones.
Es lo más parecido a la inmediatez cartesiana que conozco.
Una vez alcanzado eso entraré en un estado de ser que puede llegar a invalidar todo lo que he pensado hasta ahora.
Sólo tengo claro, clarísmo, nítido e innegable, eso.
PARA QUÉ ESCRIBO
Las ganas son más puras, pero todo parece más inútil si no sirve para entretener.
Que empiece a escribir algo que a él mismo le resulte entretenido, por lo menos tiene que poder disfrutarlo él, para tener algo de fe en que alguien más puede llegar a hacerlo.
Los escritores comunes son mentes frías y calculadoras.
Planean sus efectos, instalan una farsa manipuladora, generan una tramoya en la que envuelven al lector desprevenido. Hay que tener cuidado.
Con sus personajes quieren imponer.
Usan su vida como material, pero someten ese material a distorsiones que impidan todo reconocimiento.
Recrear una realidad, o una ficción con sensación de realidad, resulta un esfuerzo patético.
Toda esta capacidad de escritura paralizada por la incredulidad.
No hay mucho más que contar que versiones de una biografía.
Fundamentalmente el problema parece residir en una carencia de sentido para la escritura.
El único sentido encontrado es el deseo de escribir, pero como quién quisiera correr sin saber hacia dónde.
Toda su vocación creativa parece detenerse a veces ante una falta de propósito generalizada en todas sus acciones.
Voces que cuestionan qué es esto, callen.
Dejen que nazca algo que no sepa que es.
Ideas de cosas hechas apártense, dejen que la forma se haga a sí misma sin diseño.
Imágenes de autores seguros y auto-conscientes, amparados en sus logros, dejen lugar a la persona que no conoce su futuro.
Si bien es cierto que el futuro ya está escrito, no es menos cierto que todavía no está publicado.
Aunque fuera inventar esta pequeña cosa del pensamiento pequeño que tantea en la oscuridad en vez de recorrer las grandes y viejas avenidas y bulevares de la literatura.
Un pensamiento que vive apoyándose en la frase anterior y da pasos de ciego.
Algo 2
Bueno esto no sé que es, ni en qué parte está.
Leí definiciones de Lyotard, el pensador en leotardos, acerca del consenso del gusto y los que evitan el problema de la realidad perpetrando realismos…
A Leónidas Lamborghini le preguntaron qué lectores tenía en mente cuando escribía y no eran muchos, yo tampoco puedo tener muchos, la mayoría de los que tuve los perdí, perdí la ilusión de su lectura.
Tal vez alguien a quién uno pueda atribuirle un juicio elevado, pero sin embargo sin verificar, esos seres intermedios entre lo real y lo ideal cumplen bien el papel.
Un sol virulento coloreó el lomo de mi mano paseando en bicicleta.
Un dolor de cabeza ascendió desde las 15, alcanzó su cenit a las 19, declinó muy lentamente y aún no alcanzó el ocaso a la una de la madrugada. ¿Insolación, dolor de ideas, tormento hormonal? Ahora los analgésicos inflaman mi estómago.
El mundo tal y como viene más o menos consensuado, tal y como llega panificado cada mañana en periódicos y noticieros, es una opereta con un guión muy pobre. Que conste que en realidad no conozco óperas ni operetas, pero suena como lo que quiero decir.
Estoy considerando seriamente volver a exiliar al mundo – si alguna vez lo logré-, deslizarme sobre él como si sucediera bajo una capa de hielo.
Tomarse en serio la cuestión de la fabricación de la realidad.
Es muy serio tener en cuenta que la realidad que posee ese aura de ser compartida con los demás, es apenas una construcción posible, y que no es nada compartida, que cada vez que alguien dice algo, entiende algo distinto por ese algo, y afirman al unísono “sí por supuesto, Algo, Algo”
Me salgo.
Tal vez pueda seguir afirmando “sí, por supuesto, Algo, Algo”, pero me parece que no me lo voy a tomar más en serio.
Algo de qué vivir es mi única preocupación.
Algo de qué vivir sin permitir que usurpen mi sagrado tiempo mental.
DEFENSA
¿por qué no me dejan en paz?
¿que puede tener de nocivo que no escriba narraciones?
¿qué daño puede implicar?
¿acaso los narradores han llegado a sentirse heridos por mis argumentos, acaso mi lógica realmente daña en algo su buen-hacer?
¿desde cuando entra en las funciones del Ministerio de Literatura de la Nación la labor de determinar los contenidos de las obras? ¿no atenta esto contra nuestros principios formulados a lo largo y ancho del mundo, cada vez que la Argentina ha intervenido en cualquier conflicto internacional a favor de la paz y la libertad y la autonomía de los pueblos?
Si el argumento de la acusación es que mi escritura no es literaria, éste mismo argumento entra en contradicción con el hecho de que la denuncia esté formulada desde el mismísimo Ministerio de Literatura. Si lo que escribo no fuera literatura, no sería de la incumbencia de dicho Ministerio.
Nadie ha de ser capaz de determinar los márgenes de la Cosa Literaria, la Res-Literaria, y debería estar dentro de mi derecho de escritor, incluido en mis libertades de tema y estilo, la posibilidad de esbozar escrituras según la tesis de que la literatura no deba ser nunca más narrativa -para el que guste de escribir según dicha tesis, por supuesto.
Es cierto que no poseo la correcta formación en la materia, pero al menos aprobé sobradamente el examen de cuento, poesía y relato largo que requiere el ingreso al gremio. Están aquí, son pruebas de la defensa.
Si yo después he decidido expandir los límites de la disciplina, llevar a cabo hasta el fin los desarrollos apenas esbozados tímidamente en obras de autores que vislumbraron el fin de la narratividad -pero no llegaron a las últimas consecuencias de esa intuición- debería otorgárseme incluso algún mérito, o aunque fuera, una pizca de respeto por haber abierto el campo de la creatividad al nuevo género, para el que no me canso de proponer denominaciones que atraigan el sano debate sobre la naturaleza del fenómeno:
Literatura post-narrativa, real-literatura, literatura trans-realista, neo formalismo intro-literario… todas ricas aperturas al debate sobre el rumbo que podrían tomar de ahora en más las artes escritas, cuyo progreso constante ha sido uno de las proas del desarrollo de la potencia de la cultura argentina en el mundo, ante la que otras naciones no pueden más que sonrojarse ante la falta de proliferación y la increíblemente simultánea organicidad de nuestro aparato literario nacional (si se me permite la popular expresión).
Pero no, en lugar de abrir las mentes y la actividad hacia una nueva dirección -que en sí no tendría por que implicar la desaparición de lo narrativo para fines determinados- el ámbito literario en su conjunto, salvo contadísimas excepciones, ha optado por cerrar filas obstinadamente contra mis argumentos y desarrollos descalificándolos como no-literarios; acusándome -y discúlpenme el tener que verme obligado a pronunciar en este sagrado recinto el término- decía, acusándome de meta-literario, lo más allá de la literatura, lo allende los límites de la disciplina, lo externo, lo lejano, ¡lo Otro de la literatura!
Se me ha acusado de usufructuar (no lo digo sin una mueca en el gesto) el espacio literario para atacar deliberadamente la naturaleza implícita de ese espacio; aduciendo que la naturaleza del espacio literario, fuera del ensayo y la poesía, se identificaría con el modo narrativo, o que en todo caso, el marco narrativo predomina siempre sobre cualquier desvarío meditativo que quede inserto en el mismo.
Han querido empujarme a que reconozca el carácter eminentemente filosófico de mis escritos, cuando siempre he dejado en claro que no creía que mis argumentos (¿no llaman también argumento a la trama de una narración?) pertenecieran a ese campo tan alejado de la simpatía popular, a ese ámbito recóndito e inhóspito de nuestra rica Industria Cultural Nacional.
No señor, nada de eso, nada de filosofía, lo que hago yo es Literatura, ¡y con la Ele bien grande!
El literato no es abogado, y en su defensa puede perder el eje legal de la defensa, en el marco de las reglas del litigio.
Por ello en lugar de lograr atenerse al argumento estrictamente defensivo que pone la atención exclusivamente en una incoherencia legal de la acusación, se pierde en la enumeración de alegatos a favor de la pertinencia de sus preocupaciones literarias, cede a su propia inclinación, bien presente en sus escritos, de seducir al interlocutor a aceptar sus propias conclusiones sobre el género, acudiendo incluso a los argumentos del nacionalismo más demagógico, sabedor de que, quién sepa apropiarse de la bandera argentina, quien sepa identificar su posición con los intereses de la gran potencia en materia de proyección internacional, será el que se lleve el triunfo de la sala de la corte.
DÍA DE SHOPPING
Es mejor así, caminar o ir en bicicleta con ella.
Dónde sea, aunque sea al shopping.
Recorrer las galerías abiertas en horas improbables.
Todo está ahí, esperando.
Cada día, durante muchas horas, todo abre a las 8 o 9, no sé, demasiado temprano, y espera, recibe clientes a cuenta gota… hasta algún momento de saturación que ocurrirá entre las 18 y las 21 horas, con un margen mayor en los fines de semana.
Las luces encendidas, el aire acondicionado acondicionando, los empleados esperando tras los mostradores, en el mejor de los casos charlando con sus compañeros o leyendo, buscando alguna excusa para dar una recorrida y saludar a alguien de algún otro negocio.
Si desean realmente que uno entre, y los haga “trabajar”, no lo sé, ni me importa.
Son jóvenes, y sus horas las pasan atrapados en ambientes regulados.
Cientos de espacios de estacionamiento vacíos, que probablemente serán llenados los viernes, sábados o domingos, quien sabe.
Cosas, precios, ofertas.
Todo lo que hay para desear presentado.
Fotos de chicas de labios húmedos con un chaleco sin nada abajo.
Todo brilla.
Un grupo de chicos pobres se divierte bajando y subiendo por el ascensor acristalado.
Todo en marcha para recibir a las masas deseantes.
Los deseos bien inoculados en casa, mediante la caja de los rayos de colores.
Funcionan bien también las revistas y radios, las pancartas y carteles de la nación Babélica.
El idioma universal de la compra-venta, nuestro código solidario, nuestro deseo compartido. Aleluya.
Caminar o ir en bici bajo el sol, con cualquier rumbo, hablando del futuro deseado.
Llegó la libertad.
Cierta cantidad de trabajo acumulado pudo intercambiarse por ella.
Ese fue el trato.
Parece mentira tener que explicar a estas alturas, una vez más, en qué medida el shopping alimenta la necesidad de entregar las horas a cambio de limosnas intercambiables.
Por alguna clase de subterránea curiosidad antropológica habré tenido que visitar en mi primer día de cese laboral, el lugar dónde toda la maquinaria social carga combustible.
El lugar donde el esfuerzo laboral obtiene su razón de ser, la supuesta compensación.
El lugar donde la cabeza del animal humano obtiene la descarga concentrada de satisfacción de una necesidad inoculada.
Ir ahí donde todos van a intercambiar sus limosnas por los objetos soñados.
El lugar donde empieza la obsolescencia, un instante después del momento de máximo fulgor, el del intercambio.
Toda la maquina mundial se mueve para escenificar la escena.
Desde el chino en la fábrica, hasta el soldado que conquista petróleo, el científico en el laboratorio, las corridas de bolsa, el parto que está ocurriendo en este momento.
Existen necesidades naturales, deseo.
Debidamente moldeadas, hacen concurrir a la masa al shopping.
Puede parecer que tengo una opinión negativa frente a todo esto.
O me lo parece a mí.
Pero tal vez no tenga nada de malo, por más que otro de los nombres de los shopings sea Mall, en inglés.
Más bien creo que enfrento un nuevo grado de desilusión o decepción respecto al mundo.
Es mucha energía dedicada a sostener una escena.
Que en sí este hecho, que la vida social del humano esté dedicada a sostener escenas, no me parece mal, salvo que la escena en cuestión es aburrida, monótona, reiterativa, y la energía y convicción, el empeño y a veces la violencia, la inconciencia y también la conciencia con que se fuerza todo para sostener en algunos lugares privilegiados, esta última escena, es lo que puede resultar indignante.
Que el privilegio en sí termine siendo ese estúpido privilegio de interpretar el papel de consumidor en un ambiente climatizado, que al final de la línea del progreso, los seres humanos vean proyectada, como máximo logro, una escena donde se ven a sí mismos llevando a cabo el sagrado acto del intercambio…
Intercambio de moneda, intercambio de fluídos…
El trabajo del orgasmo, el orgasmo del consumo, y vuelta a empezar en cuanto las ganas se vuelvan a azuzar.
Desde cierto ángulo, la humanidad es una manada hambrienta de baratijas.
Hay otras cosas, personas con otros intereses que la escena antes mentada.
Pero son los residuos del proceso, casos de rebote, inadaptaciones, mínimos gastos energéticos, efectos colaterales, como en mi caso. Anomalías.
Los seres anómalos son casualmente los que terminan dedicándose a lo creativo, que de alguna manera es el combustible esencial de la maquinaria del deseo de consumo.
Alguien tiene que crear los objetos que los demás desean, y para eso ese alguien debe sentir como insuficiente el stock disponible.
Cuando nada de lo que hay conforma, surge la necesidad de hacer algo nuevo.
“Algo nuevo” es la base de todo, se pueden reciclar indefinidamente modas, pero el Algo Nuevo tiene que ir apareciendo cada tanto, y lo generan los inadaptados anómalos.
Eso no impide que puedan ser despreciados o ignorados.
Esa probablemente sea una estrategia de mejoramiento de la especie, sólo algunos pocos anómalos muy aptos, en condiciones azarosas muy favorables, podrán llegar a obtener un reconocimiento de su labor creadora, los otros serán aplastados por la coreografía que realiza el baile de la Gran Escena.
Ser consciente de todo esto no tiene porqué ayudar a llegar al lugar.
Nada me dice que mi capacidad creativa sea suficiente para ocupar tan codiciado lugar en la estructura, el lugar del creador.
Pero hacia ese lugar me conduzco, cada vez más extrañado de la escena que se lleva a cabo cotidianamente a mi alrededor. Para finalmente formar parte del todo en alguno de sus puntos, aunque sea montando los decorados para la repetición de la misma gran escena. El lugar dónde mi inadaptación encuentre su razón de ser.
Donde todos los extensos años que he vivido, y los que vaya a vivir, de extrañamiento, introspección, perplejidad y soledad en cuanto a pretensiones, se cobren algún rédito, adquieran algún sentido.
A pesas de todo esto, creo que he conseguido llegar a ser alguien.
Alguien escribiendo en calzoncillos en horario laboral.
algo que escribir
Solo ver las palabras salir
Como ratones de los agujeros en el zócalo
En los dibujitos animados antiguos
¿Cómo puedo pensar que hay algo que se traiciona
Cuando uno escribe para algo?
Cuando uno escribe como medio
Para estar mejor
O para comunicarse
O vanagloriarse
O purificarse
O martirizarse
Para lo que sea
Habría algo que es traicionado
Por el uso
El uso de la palabra
Casi todos escriben para sacar algo
Inmediato o posterior
Y en la forma pretenden
Demostrar erudición
Y muy frecuentemente,
En el contenido
Una moral superior
O algo que les de
Prestigio
Mas que nada
En mi caso,
Para justificar lo injustificable:
La absurda necesidad
De escribir
jubilación anticipada
Ahora entramos en una edad considerada cenital en nuestra cultura circundante:
treinta años, jóvenes, pero no tan tontos.
Unos pocos años quedan antes del inicio de la debacle.
No siempre fue así.
No siempre se tuvo a lo joven y a lo terso, como la cima de la vida.
Sería recomendable adoptar algunas otras valoraciones antes de verse envuelto en el sentimiento de la decadencia.
Voy a decir algo muy tonto, obvio y pacificador, y es que cada edad tiene su parte buena.
Hace tiempo que tengo prevista la vejez, y para entonces quiero estar lúcido y creativo, cada vez más creativo, cada vez más seguro de mi estilo y de mi aporte.
Prefiero vivir como un jubilado ahora, que lo puedo disfrutar, y pasar a la actividad cuando la decadencia física me obligue cada vez más al disfrute y al ejercicio de lo mental.
El colmo de la perversión de nuestra civilización es que haya que usar la niñez para aprender encerrado en un aula.
Es sólo el inicio de la cadena de absurdos.
Es la única manera de meter a la gente a trabajar en fábricas y oficinas cuando viven el esplendor de su desarrollo físico.
Es como atar el pequeño elefante a una estaca, ese que una vez que crece ya ha resignado la idea de libertad, y no escapa aunque esté atado a una silla.
Todo el trabajo tedioso y burocrático lo emprenderíamos gustosos a partir de los 60 años, cuando ya nos hubiéramos hartado de viajar, leer, fornicar y dormir hasta las 10.
Agradecidos de estar resguardados, con aire acondicionado, y algo para hacer.
Pero no, nuestra civilización supuestamente racional, concibe a los mayores de 60 años como una carga, un desecho social.
Un enorme esfuerzo está puesto en domar los cuerpos gobernados por los flujos de hormonas, someter los espíritus inquietos a disciplinas y repeticiones, coartar las inquietudes con tareas vulgares, ridículas, burocráticas, administrativas, inútiles y objetualizantes, que tienen como resultado -si contemplamos a los humanos como productos que van atravesando distintas fases en la cadena productiva- decía, obtenemos como resultado, ya a los 55 o 60 años, un producto agotado y de desecho, que ni puede seguir desempeñando esas funciones, ni se desea que lo haga, pero tampoco tiene la energía, el ímpetu y el deseo de hacer lo que hubiera podido hacer cuando tenía 20 o 30.
O sea que ya sirve de poco, y hay que mantenerlo con vida durante otros 30 años más como promedio.
Evidentemente nadie se ha puesto a pensar en la inconveniencia de nuestro actual sistema en este sentido, y sin embargo, todos se sienten mal, y como se ha montado una enorme industria para aplacar este sentimiento -cosméticos, dietas, autoayuda, cirugías y gimnasios- tampoco va a haber la voluntad de replantearse esta estructura absurda que tenemos operando.
De hecho vivimos una época de apogeo de esta industria, y tal vez no hayamos tocado techo.
Pero yo he esbozado la solución al problema que los países parecen tener con la jubilación.
Como los gobiernos no son los encargados de fomentar los cambios, ya nunca más, sino que es la población la que los ejerce por derecho propio, lo que va a estar sucediendo es que algunas personas, cada vez más, van a decidir que así es como quieren vivir la vida: una juventud ociosa, aventurera, creativa, plena, exploratoria, experimental, que prepare una vejez de actividades menos arriesgadas, más focalizadas, con el espíritu ya calmo, satisfecho y realizado...
¿o prefieren estar encerrados hasta los sesenta en ambientes climatizados, y después darle de comer a las palomas en una plaza o en los jardines de un geriátrico?
este texto es un extracto anticipo de mi próxima obra en producción: "El contra-cuentos"plano tiempo
Decir "ha sido" es un pequeño vicio en sí, desde el momento en que hablamos del tiempo desplegado.
El tiempo es un mapa desplegado, pero la vida es la experiencia de una de las lineas de ese mapa.
la línea está trazada, el universo, temporalmente, es un plano, finito o infinito, desplegado.
El tiempo es nuestra experiencia psicológica.
Pero en un plano indeterminado, lo que nosotros llamamos pasado y futuro coexisten, y un lugar está en muchas ubicaciones temporales distintas.
Nuestra angustia es fruto de nuestra perspectiva vital, pero todo lo que decidimos ya está decidido en el tiempo desplegado.
La separación espacial probablemente sea otro efecto de nuestra perspectiva vital, así como lo es la materia.
Estos descubrimientos no producen ningún cambio en la vida.
Suponiendo que pudieramos conocer un suceso de lo que llamamos futuro, no habría diferencia, ese conocimiento estaría también inscrito en el mapa del tiempo simultáneo.
Hasta pronto.
La vista gorda
¿qué me molesta tanto de los relatos?
¿por qué hay que inventar alguna otra cosa?
¿es ese realmente el problema?
¿por qué tiene que haber un problema?
Creo que he estado trasladando una preocupación que se origina en otra parte, cuestiones prácticas y personales de mi vida cotidiana que no vienen a cuento aquí ("no vienen a cuento", por eso el conflicto con el relato).
Aborrezco el tono redentor, y más si sale de mí.
Mi creatividad se encuentra actualmente mucho más atenazada por dificultades concretas que requieren solución, que por cualquier fantasma ontológico.
Mis reflexiones pueden resultar entretenidas, pero parten de esquivar algo más elemental y cercano, que es asunto mío.
Disculpen las molestias.
Prometo contribuir mejor a la humanidad cuando resuelva un par de tareas pendientes
más teorías impracticables sobre la nueva creatividad
Proporcionarle una dimensión fantástica que conviva con la sordidez y limitación en que navega la mayoría de la población.
Siento a las fantasías heredadas de mi cultura como artificiales e ineficientes.
Todo lo que tenía la misión de dar sentido y consistencia a la experiencia cotidiana no está dando resultado conmigo.
Y a pesar de todo lo llevo con bastante entereza.
Me gusta ver películas.
Pero estoy un poco obsesionado con la distorsión de la perspectiva que producen. El punto de vista de la cámara muestra las cosas desde un ángulo que es imposible tener, el ángulo de la ausencia.
Es fascinante, pero siempre falso. Pero el arte es la mentira y ble ble ble..., basura!
El problema es que pensemos en la “realidad” desde esa perspectiva.
Que nuestros recuerdos adquieran esa falsa objetividad.
El hecho de que la persona que sostiene la cámara sea eliminada de la ecuación para el efecto, la simulación de su ausencia.
El cine es la concreción de la fantasía de invisibilidad, estar ahí sin ser visto por los protagonistas.
El cine de los daneses del Dogma tiene que ver con esto, con no olvidarse del cameraman. Pero es una rareza.
El problema es el acostumbramiento a la perspectiva fantástica, y la sustitución que esa supuesta objetividad hace de la realidad que se puede percibir subjetivamente. Trabalenguas.
La separación que imagino que tenemos del modo de experiencia que podía tenerse cuando la fantasía no era un sustituto de la realidad, sino su complemento.
La realidad en sí es algo que siempre fue fantasmatizado, la interpretación de las cosas es lo que tenemos por la Realidad.
Me refiero a que sin el aparato televisivo/cinematográfico, la fantasía de la realidad era otra, y la fantasía de la fantasía también.
Me gustaría poder eliminar de todo lo que pienso que es mi experiencia, lo que en realidad ha provenido de esa imagen plana en movimiento que producen nuestros artefactos audiovisuales. Tantas cosas uno “sabe que existen” porque las vio en la televisión.
Eso, para mí, ya no tiene nada de fascinante. No quiero volver atrás en la historia, quiero eliminar la distorsión que la imagen ha producido en mi percepción del mundo. Puede tranquilamente ser imposible.
Siento que en esto me voy quedando solo en el mundo.
A nadie le importa esto que a mí me obsesiona, y por más que yo me aislara de la realidad audiovisual, salir del modo de fantasía compartida me convertiría en un inadaptado.
La inexistencia y falsedad del punto de vista objetivo es una noción tan potente, y sin embargo, parece impracticable, o irrepresentable, o improducible, no sé.
Porque a pesar de que es un hecho, las personas construyen su realidad mediante estos dispositivos de imagen que concretan la fantasía de la existencia del punto de vista objetivo.
En esas condiciones, es muy difícil hacer efectiva la exclusividad de la perspectiva subjetiva.
Entonces, en mi opinión, el objetivo de una obra de arte contemporánea, sería desbaratar el punto de vista objetivo. (valga la redun...)
No me importa si esto se ha intentado ya, lo que debe suceder es un cambio absoluto en la perspectiva de lo audiovisual, una total erradicación de la falsa objetividad, y no una minoritaria y aislada existencia de obras en las cuales la perspectiva objetiva no exista.
Esa es una cara de mi moneda.
La otra es el argumento: la absurda lógica del relato.
(otra vez)
O podría decir incluso, la absurda lógica, sin más.
La vida no es como un relato. Creo que eso lo sabe cualquiera. Pero sin embargo, vivimos como si vivieramos un relato. Tal vez el problema esté centrado en el sentido.
La vida carece de sentido, podemos construir uno o podemos tomar uno ya hecho, o tal vez pudiéramos carecer de sentido, no estoy muy seguro de esto.
Tampoco se trata de que la obra tenga que dar cuenta de esta condición de la vida, ¿o sí?
Mucho tiempo la obra bajo la intención de imitar la vida, la mímesis, ha terminado haciendo otra cosa, que es sustituir la no-lógica de la vida por la lógica del relato en nuestras mentes.
Toda historia, como su nombre indica, es una construcción retrospectiva, mientras que la vida es en cambio una construcción prospectiva.
Es notable nuestra incapacidad para recrear esta condición absolutamente imprevisible de la experiencia real, y también es abrumadora nuestra necesidad de hacer encajar los hechos de nuestros pasado en una lógica retrospectiva en la que cada parte adquiera un sentido respecto a un todo, y esto lo hacemos con nuestras historias personales, tanto como con la Historia en general.
Abordar la obra de forma prospectiva me parece otro punto fundamental, pero me resulta difícil determinar qué implica esto.
Parece ser moneda corriente en la creación, que después de un largo desarrollo de materiales inseguros, sin un rumbo claro, sin un sentido demasiado rotundo, aparezca en un determinado punto un sentido capaz de totalizar el trabajo, capaz de ordenar esos fragmentos, imponiendo algunas mutilaciones siempre de lo que no compone una coherencia aceptable, y que reordena retrospectivamente el material y le da esa unidad a la que después llamamos, muy contentos, obra, una obra.
Bueno, tal vez debamos empezar a prescindir de ese sentido re-estructurante, que tal vez sea el que termina convirtiendo todo en uno más de lo mismo.
Uno de los pocos directores de cine que a menudo no se deja vencer por esta tentación del sentido es David Lynch, quien ha conseguido éxito a pesar de este elemento que debe resultarle muy inconveniente a los productores de Hollywood.
En sus películas conforme se avanza se pone más difícil poder asegurar qué es lo que está pasando, y eso lejos de ser un defecto, es su principal y admirable virtud.
En Mulholland Drive incluso hace funcionar de manera evidente un sentido que llega para reorganizar todo el contenido previo, y uno cree que le va a terminar de dar sentido, cuando precisamente llega para causar mucha mas confusión en la interpretación de todo lo que acabamos de ver.
Se puede argumentar que la vida es demasiado inconsistente para que encima las tramas de los relatos también deban serlo.
Pero tal vez la felicidad consista en dejar de perseguirla.
La conexión estre estas dos últimas frases salta sobre un abismo, lo siento.
Tics para la nueva producción cultural
Creer que una película o una novela son capaces de transmitir un mensaje, digamos revulsivo, o digamos apenas inteligente, conservando las formas típicas de relato, es inocente. (Después desarrollaremos otra vez de qué debería tratarse en la producción cultural)
Porque lo que está en juego es algo así como las concepciones interpretativas del mundo. Está en juego que las personas sean capaces de construir interpretaciones propias de su vida, y que dejen de adherir a interpretaciones establecidas que se les ofrecen constantemente.
Un ejemplo prototípico: ahora existe el “problema” el frizz. El frizz es ese terrible fenómeno que arruina vidas enteras, por el cual el cabello, inmediatamente después de lavado, no queda en su lugar, sino que algunos elementos rebeldes se salen de la formación, creando una especie de fina aura de cabellos en desorden que rodean la cabeza que a primera vista parecía tener una cabellera perfecta.
A mí por ejemplo, siempre me había gustado cuando a las chicas les sucedía esto, que ahora tiene un nombre, pero que es el nombre de un defecto, para el que ahora existen soluciones en forma de productos para el lavado o el post-lavado.
Lo que para mí siempre fue un signo de pelo recién lavado, que sugería un delicioso aroma, se ha convertido en signo de imperfección y desidia estética.
Yo podría pensar que mi interpretación de ese hecho objetivo es incorrecta y que los que tienen razón son los vendedores de productos para el cabello.
Pero no.
Esto es una muestra ridícula de lo que sucede todo el tiempo.
Las personas buscan interpretaciones a las que adherir.
La función actual de un arte comprometido es servir un plato al que no se puede adherir sin jugarse a hacer una interpretación propia. A la vez algo que resista las interpretaciones sucesivas. Imposible. Siempre habrá un simplificador que produzca una interpretación, aunque ésta termine siendo: “un producto intragable, incomprensible”.
Por supuesto señor, de eso se trata.
Esto es un problema de forma narrativa y no de contenido, puesto que los contenidos están ya interpretados según la forma que se les da.
El relato es una de las posibles interpretaciones del mundo (más allá de qué relato se cuente):
Tiene principio, desarrollo y final: tiene causalidad, tiene sentido, tiene por qué, tiene coherencias, tiene consecuencias, tiene omisiones en función de generar todas estas ilusiones, etc…
Todo esto tiene poco que ver con la experiencia de la vida. Pero gracias a los relatos, forzamos constantemente nuestras vidas para que encajen en formas de relato. Encasillamos nuestros recuerdos y hacemos que uno sea la razón del otro. Constantemente.
Se me ha acusado e hacer una separación inexistente entre forma y contenido, pero nunca dije que estén separados sino que son dos aspectos de una obra. Ningún descubrimiento mío.
El problema de la experimentación de la forma es que no es comercial.
Resulta indigerible para un público que consume cultura como medio de evasión instantánea de una realidad problemática.
Las historias fácilmente interpretables y que producen cualquier tipo de identificación son la norma comercial.
Para hacer dinero con la producción cultural hay que adherir entonces a las formas convencionales y escudarse con el abordaje de temáticas “comprometidas”
Pero en mi opinión, el único compromiso serio hoy en día es con la des-idiotización mediática, y para ello no hay contenido que quiebre la forma del relato.
El lenguaje debe ser normal, las palabras comunes, simples.
Sea lo que sea lo que se haga, no tiene que dejarte afuera porque te haga sentir ignorante.
La sofisticación, la exquisitez, lo selecto, sólo han contribuido a polarizar la cultura en basura y lujo.
Imágenes claras, es decir, compuestas por elementos reconocibles, donde lo exótico no es el elemento sino la composición.
La composición probablemente surrealista: la falta de propósito con que elementos idealmente alejados conviven en una escena.
No hay que pensar mucho porqué poner un elemento y no otro, el porqué aparecerá siempre después.
El porqué es la aceptación de la unión siempre posible entre dos cosas.
El porqué es la racionalización de lo fortuito.
Para crear puede obviarse.
La cuestión del nivel es problemática. Que todo lo que se quiere hacer pueda decirse con bajo nivel, o que nuestro mensaje fundamental pueda recibirse con bajo nivel:
La vida no es un cuento.
Siempre escuché que a los niños era bueno contarles cuentos que les ayudan a resolver los traumas mentales.
Empiezo a creer lo contrario, que es un temprano adoctrinamiento en las disciplinas de la identificación.
Un explorador de la forma del relato fue William S. Burroughs.
Sus libros logran ser indigeribles.
Creo que su originalidad y su aporte quedan disueltos por varias razones:
- demasiado barroquismo y exotismo, en sus construcciones gramaticales y en los elementos no reconocibles más que por él
- demasiada subjetividad de las imágenes
- códigos de lenguaje cerrados, jerga de yonquis (drogadictos) americanos de los 60
- pésimas traducciones al español
esta serie de elementos confabulan para que nos sea casi imposible recibir su experiencia, y tengamos que intentar algo parecido pero sin caer en estos pozos.
el pasado y el futuro
Hay que reivindicarlo con mucha fuerza para creérselo uno mismo.
No me gusta la idea de que la escritura sea una especie de carroñero del pasado. Quisiera darle otro trabajo. Algo más relacionado con el presente y el futuro.
La posibilidad de que las ideas tengan alguna importancia en la actitud que las personas tienen hacia el mundo y la vida propia y de los demás.
¿Qué estoy haciendo yo por el futuro?
Esta pregunta presenta dificultades:
¿qué entiendo por futuro, dónde está situado en el tiempo, cuánto más adelante del ahora, el futuro de quién, es el futuro algo por el cuál se pueda hacer algo?
Todo eso es muy incierto en cuanto empezamos a hurgar un poco en la cuestión.La existencia del futuro es algo incierto, siempre está allá lejos, fuera de nuestro alcance, no debería merecer nuestra atención.
remándola en el humo
Me gustaría deshacerme de esa sensación, que me invade cuando estoy cansado.
Ayudaría no tener que compararse con lo que en la tele parece que fuera la vida. Plena, colorida.
Ayudaría también que la ciudad no estuviera invadida por el humo de los campos que arden.
Que las cosas que a uno le gustan no se convirtieran de repente en compromisos.
Ayudaría que uno no se tomara la molestia de recordarse a sí mismo diciendo una estupidez.
De dónde habrá salido esta persistente necesidad de sentirse reconocido, que no la cubre nada ni nadie.
Es desmedida, es ideal, es una terrible perspectiva desde la cuál toca verse cada tanto.
Es suficiente por hoy.
¿por qué?
Lo poco que sabemos de las razones por las que las personas hacen lo que hacen.
Empezando por nosotros mismos.
Ella se suicida, y la película pone especial cuidado en no dar pistas sobre las razones que la impulsaron a ello.
No les estoy contando el final, sino el principio de la película.
No es común, pónganse a pensar en todas las peliculas en las cuales al espectador se le revela la verdad de los hechos, bajo esa cámara que todo lo sabe, nos hubiera mostrado un momento de la vida de ella especialmente significante, un momento de miseria o frustración que diera sentido a su suicidio, para que nos quedemos tranquilos.
Tranquilos en el sentido en que Nietzsche dice que el hombre prefiere cualquier explicación que ninguna.
Me parece un gesto fuerte, ese de no dar razones en ningún momento.
Cuando estamos tan nefastamente acostumbrados a pensar a las personas, y por lo tanto a los personajes, y por lo tanto a las historias, con una concepción mezquina del "porqué" de las cosas y de los hechos.
Sabemos tan poco de como funcionan las personas a nuestro alrededor...
Llegué a la conclusión de que las películas que explican las conductas parten de una intención anestésica de la existencia.
Lo cuál en sí no tiene nada de malo, salvo que uno no es consciente la mayor parte del tiempo de que se está explicando a sí mismo y al mundo mediante una concepción anestésica de la realidad.
Sería bueno que las películas sedantes fueran administradas bajo prescripción médica y con advertencias sobre las concepciones que alimentan.
Este es el tema fudamental de toda mi exploración en lo escrito.
escribir para escribir
Escribir para comunicar, es algo funcional.
escribir para expresar...
en cambio, escribir para escribir
escribir no es "contar" más o menos bien una historia, aunque puede servir para eso
escribir tiene que lidiar con el sentido, más o menos como la arquitectura tiene que lidiar con la fuerza de Gravedad.
Amontonar palabras sin ninguna lógica, sin ningún sentido, deja de ser escribir.
En cuanto pongo esta palabra hay un montón de obligaciones que se me vienen encima acerca de las siguientes palabras, obligaciones sintácticas, obligaciones semánticas, obligaciones del sentido de la frase...
Esquivar estas obligaciones lingüísticas, sin perder un hilo, el hilo que sea, saltar por ejemplo un abismo sintáctico con un puente semántico, o un abismo de sentido con un puente fonético (una rima digamos), eso, es el trabajo de escribir para escribir.
Contarte cosas, es otra cosa.
todo un éxito
No verle sentido a esto. Pasa cada tanto.
¿Esto? el blog, escribir aquí.
Pero pienso con qué ansiedad visito mis blogs preferidos, en busca de nuevos puntos de vista, en busca de... algo, o esperando una contestación a un comentario mío... y pienso que hay quien me tiene entre sus visitas frecuentes, y que a pesar de que yo estoy un poco harto de mis propias ideas, puede que otros no, puede que los otros esten hartos de las suyas y busquen tan ansiosamente como yo un texto al que incarle el diente para sacarle el jugo.
Un texto al que elogiar, rebatir, confirmar, criticar, defenestrar... sin más propósito que dar una demostración más de existencia ante uno mismo.
La demostración de la propia existencia, de un mínimo atisbo de singularidad.
Porque es tan probable que haya varios por ahí cuyas cabezas contengan exactamente las mismas ideas, tal vez, en otro idioma, con otros nombres propios, pero la misma telaraña.
La existencia de la singularidad es una quimera que merece la pena perseguir.
Lo contrario es pensar que cada uno es una copia, copias sin original...
¿cuál será el propósito de la existencia de cada uno?
Hay muy pocas ideas nuevas, muy pocas, y hay tanto escrito...
Uno a veces se pregunta si multiplicar las frases ayuda o agrega confusión,
¿Y si agregar confusión ayuda?
Como si tuviéramos el loco imperativo de agotar todas las posibilidades de combinación, de producir todas las ideas que nuestra estructura de pensamiento sea capaz de generar, a ver si un día cuando agotemos todas las combinaciones posibles, transformamos la estructura misma de nuestro pensamiento.
La vida sola, crecer, trabajar, conocer, envejecer, reproducirse, morir, se me antoja un proceso animal y aburrido sin este plus de delirio.
No es que necesite el sentido, tiene todo el sentido que puede tener, simplemente ser una hormiga más del hormiguero... no se trata del sentido.
Se trata precisamente de lo contrario, de generar esa isla de sin sentido donde parece que la lógica universal cósmica pudiera por un instante mirarnos con perplejidad y decirnos ¿para qué demonios haces eso?, un instante de fulgor en la inexorable, imparable, intocable lógica absoluta del Universo, ese que ingora olímpicamente todo lo que hagas o pienses, todos los absurdos
esfuerzos humanos por mejorar, pacificar, desarrollar, sobrevivir... triunfar!
Me gustó algo que leí en la página de los Stuckists: éxito es levantarte por la mañana y conseguir ponerte a pintar
O éxito es poder escribir algo antes de irte a dormir.
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o Tierra o Libertad
Si quieres una tierra en particular, deberías renunciar a la libertad de determinar un sistema político para ella; y si eliges un sistema político, deberías renunciar a desear una tierra determinada.
¿por qué?
Porque nunca nos vamos a poner de acuerdo sobre el sistema político, y eso prefiero asumirlo que pretender que hay un sistema político que va a convenirle a todos por igual.
Entonces es preferible que existan todos los sistemas políticos posibles, con adhesión voluntaria, pero eso implica que no se pueden dar todas las opciones para un mismo territorio. Debemos decidir qué amamos más, si el lugar o la clase de orden (o desorden), y entonces elegir lo que preferimos, y renunciar a lo otro.
Lo que no quieren los humanos-niños es renunciar a nada,
y así nos va
queriendo Todo para nosotros.
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"Tierra ó Libertad"
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(meditaciones anti-países)
mi Tierra
Es uno en el que hay opciones.
Países con distinto sistema político, y la posibilidad de elegir en cuál se prefiere vivir, con un territorio proporcional a su población.
Un atavismo premoderno nos lo impide: el amor al terruño.
Esa ilusión de pertenencia y conexión para con un territorio geográfico específico es el enemigo de la concreción de tan descabellado orden mundial.
Pretender estar en nuestra tierra favorita y al mismo tiempo tener nuestro sistema político favorito son dos deseos condenados a contradecirse.
El día que podamos desprendernos de toda identidad nacional, o bien, de toda insatisfacción hacia el orden institucional, será el día en que un gran conflicto se disuelva.
Pienso que es más posible y deseable lo primero.
Posible, porque yo soy una prueba de ello.
No me importaría vivir en cualquier lugar donde el sistema político imperante me pareciera el más justo, siempre que nadie tuviera que vivir en ese lugar por obligación.
Países liberales, comunistas, fascistas, fundamentalistas... elige tu sistema político preferido, y convive con los que comparten tu preferencia.
El vínculo con el terruño particular está perdido.
Por lo menos para mí y para muchos.
Como niños que tienen que dejar de chuparse el dedo, vamos a tener que empezar a entender que "nuestra tierra" es el Planeta, y no la colina que veo por la ventana desde que nací.
Cuánto antes perdamos nuestro mezquino concepto de "raíz", mejor.
Te pareces más a un ciudadano de cualquier capital moderna que a un campesino de tu país.
Te lo juro.




